Reportaje | ana gaitero
«Me siento aliviado»
Carlos Pérez-Alfaro es uno de los cinco leoneses que han recibido la declaración de reparación moral
«Habiendo quedado acreditado que D. Juan Carlos Félix Pérez-Alfaro Calvo padeció persecución y prisión por razones políticas e ideológicas, permaneciendo en prisión en el período comprendido entre el 10 de noviembre de 1968 y el 17 de noviembre de 1970 y siendo injustamente condenado (...), sin las debidas garantías por el ilegítimo Consejo de Guerra celebrado en León el día 24 de octubre de 1970», el Ministro de de Justicia del Gobierno de España «expide en su favor la presente Declaración de Reparación y Reconocimiento Personal».
El solemne texto lo firma el ministro, Francisco Caamaño, de su puño y letra, en Madrid a 1 de octubre de 2009. Una declaración que, como señala la carta que la acompaña, «pretende ser la voz firme y decidida de que la memoria de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura permanecerá siempre viva».
Carlos Pérez-Alfaro es leonés a causa de la represión franquista. Dejó León para pasar página del capítulo más duro de su vida, dos años en la cárcel por motivos políticos. Y regresó a esta ciudad hace casi seis años prejubilado y apartado de la vida política -”fue concejal socialista en Murcia y director general de Servicios Sociales en el Gobierno autonómico-” pero no de la vida pública. Aquí sigue como voluntario de Cruz Roja y embarcado en varios proyectos de dinamización social y cultural.
Su padre, Félix Pérez-Alfaro López, riojano de Arnedo, fue desterrado a León tras sufrir prisión y librarse de varias condenas a muerte tras la Guerra Civil. El hermano de éste, Isaac, fue destituido de su puesto de empleado municipal nada más producirse el alzamiento y asesinado el 2 de septiembre de 1936 en Calahorra. No se sabe dónde está sus restos.
También ha tramitado para ambos la declaración de reparación moral y reconocimiento personal. «Es una lástima que hayan pasado más de 30 años desde que se promulgó la Constitución hasta que, por fin, la democracia española realiza este reconocimiento. Es tarde, pero a mí, personalmente, me compensa de este olvido y ahora me siento aliviado», admite Carlos Alfaro.
La «pesada carga» de la injusticia queda aliviada con un papel que apenas pesa unos gramos. «Con este papel cierro toda una serie de documentos, desde el auto de procesamiento hasta la sentencia y los años de reconocimiento de prisión, en los que se decía que era un delincuente. Con esto, todo ese pasado se da la vuelta», explica.
A Carlos Pérez-Alfaro y a sus compañeros Isabel Serrano, Chave , Matías Martínez, José Luis Gavilanes, Wenceslao Benito y Gerardo Gutiérrez les detuvieron en plena resaca del 68 francés, entre el 4 y el 10 de noviembre, cuando en León se acababa de celebrar el décimo noveno centenario de la fundación de León por la Legio VII.
Acusados de rebelión militar, fueron sometidos a un consejo de guerra y a un proceso paralelo seguido en la jurisdicción penal ordinaria por el Tribunal de Orden Público, el famoso TOP. Alfaro fue detenido en Valladolid y el resto en León. Los cargos: actividades subversivas desarrolladas en León como asistir a «reuniones periódicas y asambleas de las comisiones obreras», repartir el Mundo Obrero y Nuestra Bandera, leer y recomendar libros de «doctrina de inspiración comunista» y la siembra de pegatinas antiimperialistas y en pro de la libertad sindical.
A Carlos y a Chave , su novia, los cogieron en Valladolid a donde él viajaba con frecuencia desde Salamanca donde estudiaba Filosofía y Letras. Él era enlance del Sindicato de Estudiantes y traía a León en sus viajes el Mundo Obrero .
Al resto en León. Las diligencias recogen con minuciosidad las actividades que llevaban a cabo en la ciudad, como una «interesante reunión» desarrollada a orillas del Bernesga « el 12 o 13 de octubre para constituir un comité de Juventudes Comunistas». En realidad fue una de las reuniones de las que surgieron las Comisiones Obreras en León.
Una de las acciones llevadas a cabo, que les puso en contacto con el sector obrero del partido, fue pintar la columna trajana que se erigió en la plaza de San Isidoro en homenaje a la legión a la que se atribuía la fundación de la ciudad.
Carlos pasó un año en la prisión de Valladolid tras pasar por una terrible detención y un interrogatorio en el que no faltó un simulacro de fusilamiento. Al año siguiente le trasladan al penal de León, junto a Matías y Wences. A Gerardo le tocó cumplir la pena en una prisión militar pues era soldado de reemplazo, Chave estuvo en arresto domiciliario y Gavilanes tampoco ingresó en prisión.
El Consejo de Guerra se demoró dos años, pese a que en 1969 se organiza en la capital una campaña de recogida de firmas encabezada por el escritor Antonio Gamoneda, los entonces profesores y futuros rectores de la Universidad de León Miguel Cordero del Campillo, Andrés Suárez, el pintor Manuel Jular, cuñado de Alfaro, Justino Burgos... y otras muchas personas que pidieron la celebración del juicio atendiendo a motivos humanitarios.
Cuando salieron, en 1970, ya habían cumplido seis meses más de reclusión de los estipulado en la condena. Carlos Alfaro no pudo continuar sus estudios porque le prohibieron matricularse en las universidades españolas. Acabó en París, en el piso del periodista berciano Feliciano Fidalgo uno de los testigos leoneses del mayo francés. «Primero radicalicé mi posición política y tras el 23 F decidí afiliarme al PSOE. La verdad es que aquello me dio miedo», recuerda al rememorar el tejerazo de 1981.