NUBES Y CLAROS
Corazón de León
León perdió esta semana el corazón de un donante de órganos, que iba a dar una nueva vida, porque la tormenta impidió aterrizar en la rumbosa infraestructura aeroportuaria local al avión que trasladaba al equipo médico llegado desde Barcelona, donde había un receptor al fin esperanzado y preparado. Una pérdida humana que pone sobre la camilla de urgencias, por enésima vez, la precariedad efectiva de un aeropuerto megalómano que en realidad nunca ha tenido alma ni corazón que le aliente. Una ambiciosa infraestructura que es militar y civil, quizá ambas cosas o ninguna a la vez. Un lustroso cascarón medio abandonado que bandea a la deriva de la falta de inversiones tecnológicas por ausencia de atribuciones rentables, o viceversa.
Es necesario plantear de una vez en qué estamos los leoneses. Enredados últimamente en el cuento de la lechera de una gran terminal de mercancías cuando ni siquiera se puede garantizar el servicio y la seguridad mínima durante buena parte del año. Bien, aceptemos que cada población mediana no puede tener aeropuerto, facultades de todas las enseñanzas (¿no?), institutos de investigación, agencias estatales,... De acuerdo, aunque la limosna administrativa predique otra cosa. Sólo un apunte: racionalizar no rima con arrinconar, menospreciar, olvidar, ignorar,...
La falta de presupuestos generales de las distintas administraciones no parece preocupar en exceso para este punto, pues poco más que propinas de mantenimiento ha recibido el aeropuerto de La Virgen del Camino cuando aún había planificación. Y ahí se encierra buena parte del meollo de la cuestión.
No el principal. ¿Dónde está el frente común leonés que reivindique un aeropuerto capaz y competitivo? Ojalá fuera sólo improbable por la incapacidad de las dispares fuerzas políticas ¡¡¡y sociales!!! de unir esfuerzos. No, son sobre todo las luchas intestinas y egocéntricas en cada partido y agente las incapaces de dejar al margen su muy particular interés para luchar por el de León.
Flotan hasta oscurecer el cielo de León los versos sueltos que enturbian un horizonte en el que los leoneses naufragamos a la deriva. No será el corazón de esta semana el último que se pierda en este yunque de vanidades que nos arrastra atados a todos, cada vez más, al fondo de un esperpéntico pozo.