Diario de León

al trasluz

Eduardo Aguirre

Eduardo Aguirre

El año del afecto

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La columna de Nochevieja es un clásico de mi repertorio juglaresco; hoy toca contarles de nuevo —parece que fue ayer— si despediré mañana el año haciéndole la ola y con pucheros —snif, snif—, con parco adiós o con un puntapié e inmediato conectar de la alarma, no se le vaya a ocurrir volver. En mis 67 calendarios ha habido de todo, como en casi todas las vidas. Si pienso en el estado global del mundo, 2025 ha sido muy mejorable, pero los hubo mucho peores. Luego, cada uno de nosotros lo despedirá en función de cómo le haya ido a él. En mi caso, se ha hecho querer y le echaré de menos. Me deja muchos gratos recuerdos. No me engaño. A medida de que envejeces, el corazón recuerda más y mejor. En efecto, a veces ocurre… y un año te sale bueno. Y si es así, debes admitirlo, tan alto como proclamaste antes lo malo. Es lo ecuánime, ¿no? Pero si el lector necesita una pequeña buena noticia puedo compartir las mías, donde se alegra uno pueden alegrarse dos. Tampoco hay que empacharse.

Sí, este año ha sido mi gran noche de 365 días, que diría Rafael. Mañana, pues, lo despediré con mis gracias más sinceras y hasta le propondré hacernos un selfi. «¡No baje la guardia, a saber cómo nos vendrá 2026!», me dirá mi lector prudente. No lo haré, hay oscuridad en el horizonte del mundo. Por ello, lo bueno que nos ocurre no niega el dolor ajeno, pero debe hacer sentirnos agradecidos e impulsarnos a aliviar el sufrimiento de los demás. Mi 2025 estuvo repleto de pequeñas grandes satisfacciones, creo que sin exagerar podría llamarlo «el año del afecto». No fueron espejismos, ocurrieron. No lo he soñado, me pellizqué para confirmarlo. Pequeñas grandes satisfacciones de afecto. Mil gracias, 2025. En mi casa, siempre podrás dormir en el sofá. Basta con que nos llames un día antes.

Admitámoslo, nadie ha logrado que un buen año le dure trece meses, aunque serviría para coger fuerzas para las malas rachas; en fin, ni siquiera hay minutos de 61 segundos. Pero siempre habrá alguien con el que podamos intercambiar pequeñas grandes satisfacciones, aunque sean inventadas. Lector, te deseo que en 2026 te sientas querido… un año de doce meses buenos. Y si tienes un mal día, ojalá sientas al leerme mi gratitud y afecto.

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