Los espejos
Para los negacionistas del invierno en León, esos que reniegan de que nunca lo come el lobo, la nevada de esta semana les libra de reinterpretar su versión casera del cambio climático. Nevó y todo parece cumplido en el tránsito estacional en el que los días crecen a favor de la luz. Aunque no advertíamos que el peligro de esta tierra se agazapa ahí, como acaba de desvelar Elon Musk en el foro de Davos, donde ha expuesto el futuro que reserva el sistema a las zonas como la provincia leonesa: despoblarse y no entorpecer la construcción de los parques solares que la convertirán en parte de la central eléctrica de Europa. Tenemos baja densidad de población, alto número de horas de sol y agua. Nos vuelve a tocar el sacrificio, como con los pantanos o el carbón. Se necesita generar mucha más energía para alimentar la voracidad del consumo de la inteligencia artificial y los centros de datos. Cuando habíamos cerrado las minas y liquidado las explotaciones de vacuno porque los pedos de las vacas espoleaban el efecto invernadero, nos topamos con que las emisiones de CO2 viajan en las fotochorras del was, los mensajes idiotas del correo electrónico y las consultas porno en la web. Pero esta contaminación no molesta; nosotros, sí.
Se le agradece al magnate que, como buen bocachancla, destape lo que otros encubren con coartadas de transición justa. La despoblación de los pueblos se induce desde hace años para favorecer la explotación del territorio y convertirnos en la pila del resto. Las eléctricas y grandes empresas, con el permiso velado de las administraciones, alientan el negocio en el que los habitantes estorban. Los parques eólicos y fotovoltaicos necesitan espacio que depredar para que la energía se consuma en las zonas en las que se asienta la industria; no aquí, donde nos quedan las propinas de las plantas de descontaminación de baterías eléctricas y los planes del incierto hidrógeno verde, con empleo residual en comparación con las áreas desarrolladas. Musk se jacta de que cuando dice algo «generalmente pasa», mientras predice el futuro porque ya ha estado allí. Los negacionistas del abandono de León solo tienen que asomarse a los espejos solares que quieren poner para ver porque pasa lo que sucede aquí.