FUERA DE JUEGO
Diez millones de realidades
Aunque el eclipse amenazaba con taparlo todo, el mundo ha seguido dando vueltas y desvelando realidades. Hace unos días se daban a conocer nuevos balances sobre la población en España. Crece y se aproxima a un doble número simbólico. A los 50 millones de habitantes. Y a los 10 millones de residentes no nacidos en España.
La cosa no va de buenismos ni de demonizaciones. El asunto debe encararse como una realidad, evitando los juicios de valor, para afrontarla de modo eficaz. Aparcando los intentos de mirar al dedo que señala el eclipse, atendiendo a falsos debates de negacionistas, racistas, cazanazis, limpiadores de sangres y demás homeópatas con soluciones para la vida y su paisanaje.
Con 50 millones es evidente que faltan viviendas. No se trata de arreglar una vieja casa parroquial con cuatro apartamentos. Es necesario abrir ya decenas de miles de lugares habitables en un país que se ha llenado de pisos patera, de usureros de alquileres y de chabolas en el entorno de sus ciudades. Ese es el asunto. Y de cómo equilibrar un país con escuelas vacías y otras zonas con chavales en barracones al faltar colegios. Con un sistema de salud tensionado por la insuficiencia de recursos para las realidades —obviando los claros desplazamientos estacionales— que ahí están, pero se prioriza tener contentos a los de siempre.
En eso sí hace falta política de Estado. Un plan consensuado para afrontar que existe ya una España distinta que no va a volver atrás. Que necesita unos medios eficaces para combatir la plaga de los incendios forestales. Con unidad más allá de esas fronteras autonómicas que se crearon hace un puñado de años, y ya parecen más infranqueables que el Muro de Berlín.
La cosa va de dar soluciones, no de ganar batallas de argumentario. Existe un problema climático. Y otro con la Fifa. Pero un pacto entre el Atlético Mansillés y el C.D. Paramés —con todo el respeto a jugadores, directivos y aficionados— no va a solventar el caos de Infantino, ni nos garantizará la final del Mundial del 2030. España no va a resolver el cambio climático que se deriva de unos gigantes que ni siquiera se molestan en ir a debatir el conflicto del Planeta. Donde no faltan, por cierto, los que viajan en jet privado.
Para dar soluciones hay que hablar primero de realidades. El resto, son brindis a la grada.