CORNADA DE LOBO
El sueño final

Te aburrías con el borbotón informativo que inunda por Todos los Santos, fechas en las que el luto es de plástico como flor de tumba... te hastían las costumbres ancestrales, tradiciones de aquí o de allá, reposterías de huesos de santo y chicha de poco santa, ritos de cementerio, carnavalitos macabros de puro jajá... todos los años lo mismo, difunta su novedad, aburrimiento a la carta... y como no lograste rehusar una visita cultural al camposanto, ahora tan de moda, te descolgaste del cortejo y deambulaste a tu aire pasando del tío enterado vestido de guía Tenorio que iba contando cosas, así que te enredaste en el silencio de otras sendas, fosas, lápidas y mausoleos, esos alardes funerarios de alto mármol que se gastan los ricos para garantizar mejor su resurrección el Día del Juicio Final, olvidándose de que no habrá piedad en su sentencia mientras intentan meter una soga por el ojo de una aguja ante el Altísimo que con cierta decepción les dará un pase para la sala de fiestas de Pedro Botero donde cachondos diablillos no dejarán de pinchar sus carnes con tridentes al rojo vivo por toda la eternidad y sin interrupción ni para ir a mear... y tú, viendo tantas tumbas y nichos, caíste en la cuenta de que ahí no se puede elegir vecino, que te toca el que te toca ¡y a palmar cercanía odiosa por los siglos de los siglos!... no es plan, pensaste, te cae al lado una señorona cotorra o un funcionario cebolleta y tu reposo será una matraca interminable... y entonces vas y vienes a pedirme que cuente aquí cómo quieres que te entierren cuando te llegue el día sin dejar de insistirme ¡jamás en un cementerio, jamás!... ¿y?... bajo un árbol, en un monte, ni lejos ni cerca para que aquel que realmente quiera pueda acercarse algún día con saludos o con noticias o por echar la tarde a perros... si es posible, en ladera que mire a poniente, preferible bajo un buen roble que en verano dé sombra prieta y en invierno se desnude para que el sol acolche sus pies... sólo así, me dice, el sueño final podrá ser un buen sueño y mis cenizas nutrirán al árbol permitiéndome escalar por sus ramas para hacerle cosquillas a los pájaros en los dedos de sus zapatos... ¡bajo árbol, Pedrín!...