Diario de León
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Crónica semanal Manuel campo vidal

Pueden decírselo a Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy o José Montilla, por ejemplo. Todo el mundo tiene razones para ir a lo suyo sin atender al interés general de su partido, su empresa o su asociación. Fíjense en lo de Tomás Gómez, el secretario del PSOE de Madrid que tiene encuestas propias - le salva que se las hace el profesor Julián Santamaría- con resultados opuestos a la consulta de la dirección del PSOE, donde sale bajo en conocimiento y valoración.

El propio presidente del Gobierno suspendió el viernes la reunión en la que pretendía convencerlo para que dejara paso a Trinidad Jiménez con la que los socialistas quieren erosionar a Esperanza Aguirre. De haberse producido el encuentro con Tomás Gómez en sus trece, Zapatero hubiera enviado el mensaje de que no manda en su partido. Y bastante cruz tiene con el PSC de Montilla donde los estatutos le impiden dar una orden en Ferraz y que se acate en Cataluña.

Pero a su vez Montilla pasa un calvario y se le ha retirado de las listas electorales el conseller de Economía, Antoni Castells, que hace cuatro años iba de dos en la candidatura. No es que se haya cansado de mandar, es que se prepara para el día después, para mandar más, en la previsión de que el PSC no gobierne en tres meses. Y no se pierdan lo de Mariano Rajoy. Se da por hecho que no quiere a Paco Camps en la cabecera de las listas en Valencia y por eso ha habido gestiones con Rita Barberá. Pero Camps pretende lanzar ya su campaña electoral, diga lo que diga Mariano.

No son tres casos aislados, es la norma general: una crisis de autoridad que se agudiza, en parte, porque se dejaron crecer las baronías regionales. Y ya no digamos si se trata de baronía políticas con caja de ahorros a disposición. Estadísticamente y por transferencia de competencias, el Estado central se ha adelgazado pero la autoridad también se ha debilitado. «Un diputado nacional del PP pongamos por caso de Castellón ¿a quien debe responder, a Madrid o a Valencia?. Tengo claro que a Madrid, por eso es diputado nacional con Rajoy como cabecera de cartel», sostiene la portavoz Soraya Sáenz de Santamaría.

En el PSOE son de la misma impresión pero el caso de Tomás Gómez en Madrid ha disparado las alarmas. Si en Cataluña Ferraz ya no manda porque en su día Felipe González y Alfonso Guerra cedieron, solo falta que se subleve Madrid. «No puedo olvidarme de la cara de nuestros compañeros del PSOE catalán cuando les comunicamos aquel acuerdo», cuenta Guerra aire arrepentido.

Controlar los controladores

En esa crisis de autoridad generalizada, destaca el pulso que mantiene el ministro de Fomento, José Blanco, con un colectivo descontrolado como el de los controladores aéreos. Sin duda que están en su derecho de defender lo suyo pero no a base de tener a centenares de miles de viajeros inquietos porque no se sabe cuando estallarán.

El viernes por la noche se rozó el acuerdo con Aena pero finalmente los controladores más radicales desautorizaron a sus negociadores. Han contratado a un carísimo despacho de abogados y a una agencia de imagen pero ya han perdido la batalla de una opinión pública que no entiende que seiscientos de éstos profesionales ganaran medio millón de euros el año pasado a base de acumular horas extras.

¿Cómo se ha llegado a ésto?. Fundamentalmemte por falta de autoridad de AENA que admitió que el convenio de 1999 esté aún prorrogado. Tres ministros, Arias Salgado, Alvarez Cascos y Magdalena Alvarez miraron para otro lado. Pero con Pepe Blanco, se acabó la fiesta, aunque probablemente le cueste algún disgusto.

El director de un hospital valencia no me decía hace poco:» Voto al Partido Popular pero reconozco que plantar cara como hace el ministro José Blanco, me reconforta porque sé lo difícil que es mandar en este país».

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