Diario de León
Publicado por
José A. BALBOA
León

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D el pan y circo de nuestra vida cotidiana, lo único digno de mención en el año que acaba, sólo el circo merece recordarse, al menos por la gesta del mundial de fútbol de nuestra selección; del resto, incluido el asunto de dopaje, mejor no meneallo y pasar página cuanto antes.

El año 2010 ha sido como una mala pesadilla. La crisis económica que no cesa, el pa ro de más de cuatro millones de personas, el déficit público cargado sobre las espaldas de jubilados y trabajadores, la reducción del sueldo de los funcionarios, el hambre y la pobreza sostenida por organizaciones caritativas de la Iglesia como Cáritas. Hay pocas cosas que atemperen la sensación de fracaso colectivo. Es verdad que la crisis tiene otra cara, pues no hay mal que por bien no venga. Por fin la gente, no así los políticos y algunos corifeos, comienzan a ver lo insostenible de un Estado autonómico despilfarrador, que además genera diferencias cada vez mayores entre comunidades. Lo ocurrido esta semana en Murcia es un buen ejemplo de lo que, de no remediarse, podría suceder muy pronto en otras autonomías, que carecen de dinero para pagar sus compromisos. También las elecciones catalanas, con un PSC arrasado en las urnas, es otro síntoma de lo que le ocurrirá al PSOE por sus veleidades y contubernios con los nacionalistas.

Si existen cada vez mayores diferencias entre autonomías, también las hay entre provincias, pues la crisis no se ha apiadado de aquellas cuyo tejido industrial ha quedado anticuado, como ocurre con León, donde la minería del carbón ha entrado en una crisis irreversible. Prácticamente, por las presiones de las eléctricas, han cerrado todas nuestras minas, y cuencas señeras lloran la falta de trabajo. De nada han servido las maniobras empresariales, marchas negras o protestas sindicales. Con la minería cierran otras empresas ligadas a ella, por lo que los Eres han sido también una realidad en este año negro. Pocas perspectivas hay de mejoría, pues aquello que podría alentar la creación de nuevas empresas, como la mejora de las comunicaciones, el Ave por ejemplo, duerme el sueño de los justos ante los recortes presupuestarios del gobierno socialista. Quizá lo único positivo haya sido la fusión de Caja España y Caja Duero.

Mi último recuerdo de este año es para Fernando Aller, quien durante muchos años dirigió con maestría el Diario de León, periódico que convirtió en un ejemplo de buen hacer informativo y pluralismo ideológico, que es hoy su mejor seña de identidad. Con él gocé de la mayor libertad y de un apoyo firme en mis opiniones libres, aunque no siempre fueran compartidas pero si respetadas. Quizá por eso fue tan querido por todos los que colaboramos en el periódico.

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