HISTORIAS DEL REINO
Una de bodas y alcalde
L os dos primeros actos del nuevo alcalde de León después de su investidura en San Marcelo fueron sendas bodas. No está mal, si uno valora este tipo de guiños como mensajes del jefe, del de verdad, del de arriba del todo, y no hablo de Mariano Rajoy. Guiños porque buena parte de su discurso se centró en sus deseos de convertir a León en un referente capaz de flotar en estos peculiares tiempos de crisis económica, social, moral, en los que vivimos. Y para ello es necesario, imprescindible, contar con la oposición. En el fondo una boda, aunque de conveniencias por el bien de los ciudadanos, pero en la que cada cónyuge tiene el derecho, la obligación, de cantarle las cuarenta al otro cuando flaquee o le salga muy respondón, como civilizadas dos partes de un mismo todo: el bien de la ciudad, su futuro.
Durante un año completo, salvo adelanto de las elecciones nacionales, tanto uno como otro, PP y PSOE, tendrán acceso directo a gobierno con mando en plaza. Los primeros con la Junta, los segundos a través de Moncloa. En las durísimas circunstancias en las que vivimos en esta provincia, este país, Europa y aun en el mundo ¿civilizado?, no han de luchar por foto en portada de periódico, sino por conseguir unas líneas en la prensa en las que se recoja el éxito de una empresa común.
Generosidad por un lado, el de los socialistas, para seguir manteniendo engrasada la buena comunicación con Madrid. Pero también apuesta decidida, dura si es necesario, de los populares para obtener del gobierno autonómico todo lo que se pueda. Vamos, a lo Javier León de la Riva, que logra para su urbe todo aquello que se le cruza por la cabeza más de dos segundos pero que sabe que puede mejorar la ciudad. Pues eso, pónganos un peleón León de la Riva por estos lares, que las buenas maneras ya las lleva de serie Emilio Gutiérrez. Y cada vez que flaquee el ánimo de éste, tirón de orejas del PSOE, de esos tan molestos con los brazos en jarras, el cuello un poco para adelante y el índice de la diestra o la zurda apuntando a la cabeza mientras se comienza la alegación.
Cierto que las circunstancias socioeconómicas del país y la Comunidad Europea modelarán también las promesas en función de las situaciones, pero no menos veraz que quien no busca el sobresaliente en la nota rara vez aprueba, y Gutiérrez de esto sabe bastante. En estos meses que restan hasta las nacionales León puede volver a tornarse rojo o quedarse en azul según los ciudadanos adviertan el talante, la veracidad y la capacidad de lucha de los unos o los otros. Aunque solo sea pensando en el número de diputados y senadores, pónganse manos a ello socialistas y populares. De momento, vayámonos todos de boda por el bien del país, que del divorcio, si necesario, ya nos ocuparemos más tarde.