TRIBUNA
Los pobres de nuestras calles
La realidad social que en el Día Internacional de los Sin Techo —celebrado ayer— quiero denunciar es la existencia de un creciente número de personas que habitan las calles de las ciudades en situación de pobreza y exclusión social extrema. Los términos usados para definir esta realidad son muchos: mendigos, vagabundos, transeúntes, indigentes, sin techo, que es el término más aceptado universalmente y hace referencia a la carencia de vivienda, y sin hogar, que es el término más usado en España y que podría ser el término más exacto para definir la realidad de quienes carecen de vivienda, vida afectiva, recursos económicos e identidad social, y les sobra soledad, abatimiento y exclusión social. En este marco de exclusión social es en el que hemos de entender a los sin techo. Su exclusión va más allá de la insuficiencia de ingresos, afecta también a la vivienda, educación, sanidad y acceso a los servicios que presta la misma sociedad. Su situación real es que están excluidos de la sociedad.
¿Cuántos son los sin techo en España? Resulta muy complejo realizar un censo de los sin techo, por la dificultad de llegar a ellos, por su movilidad y por la carencia absoluta de datos oficiales a nivel estatal. Son casi invisibles en las estadísticas estatales. A nivel oficial solamente hay estimaciones realizadas en base al recuento de las personas que acuden a albergues y a comedores sociales, ignorando a los que ni siquiera acuden a estos servicios. Partiendo de los estudios de Caritas, Foessa y de los mismos censos del INE, que cifran el número de pobres en torno al 22-23 % de la población total, tendríamos unos 10 millones de pobres, de los cuales un 4,4 %, en torno a 253.000 personas, viven en chabolas, barracas o no tienen hogar. De estos el 15%, el equivalente a unas 38.000 personas, no tienen hogar, son personas sin techo. Por tanto, a partir de estos estudios estaríamos hablando de unas 30.000 a 40.000 personas. Ya en el año 2002, el Observatorio Europeo de los Sin Techo fijaba en tres millones de personas los que carecen de hogar en la Unión Europea, de los cuales 40.000 personas pertenecerían a España. En años posteriores Caritas y la Federación de Asociaciones de Centros para la Integración y Ayuda a Marginados (Faciam) consideraban que eran en torno a 30.000 personas. Teniendo en cuenta que existen censadas en España 10.000 plazas en albergues y centros de acogida, hay que concluir que dos de cada tres personas sin hogar, unas 20.000 personas, duermen en la calle.
¿Quiénes son los sin techo? La situación de la población sin hogar cada vez es más heterogénea, por lo que es difícil definir su perfil. Nos seguimos moviendo en un campo poco estudiado y de forma sectorial. Dependiendo del criterio tomado por los distintos estudios, aparecen distintas tipologías. Así, por ejemplo, si tomamos como base el acceso a la vivienda, aparecen tres grandes grupos diferenciados: los que viven en infla-viviendas, los que acuden a refugios y albergues y los que viven y duermen en la calle. Si, por el contrario, tomamos como criterio las causas por las que han llegado a esta situación, tenemos que decir que cada persona es un caso aparte. Se trata de un mundo muy heterogéneo, pero se puede afirmar que en la mayoría de los casos se dan estas causas: familias desestructuradas o rotas, pérdida del trabajo y de recursos económicos, adicciones, alcohol o drogas, enfermedades, principalmente mentales, inmigración, etc. Los problemas que originan la situación se retroalimentan y a partir de un primer problema se puede pasar a otro que alimenta o refuerza otros más, entrando en una espiral de exclusión o marginación de la que resulta muy difícil salir. Lo que sí es cierto es que frente al perfil tradicional que nos hablaba de un varón de mediana edad, hoy están apareciendo cada vez más jóvenes (entre 16 y 40 años), inmigrantes, que en algunas comunidades llegan a sumar hasta el 45% del total, y mujeres, que ya suman en torno al 15%. Se puede decir que se está dando un rejuvenecimiento, una feminización y una internacionalización de los sin hogar. También se está modificando el perfil tradicional de personas con bajo o muy bajo nivel cultural. Hoy entre un 10 y un 12% de personas sin hogar tienen estudios universitarios y un 66% ha terminado los estudios de segundo grado.
¿Por qué han llegado a esta situación? Se suelen citar como principales causas los problemas familiares, laborales y sociales. Las mismas personas sin hogar suelen citar como desencadenante la procedencia de una familia desestructurada o el fracaso de la propia familia con separación o divorcio. Esta parece ser la causa principal. Le sigue la falta de un empleo fijo. La tercera causa estaría en la falta de integración social. Las personas sin familia y sin trabajo pueden perder sus amigos, sus relaciones sociales. Esta exclusión social suele venir reforzada por otros muchos problemas, como las enfermedades mentales y la adicción a drogas. En el caso concreto de los inmigrantes sin techo, la causa principal es la condición de inmigrante económico, sin trabajo, sin papeles y en situación de extrema vulnerabilidad.
Respuesta social a los sin techo. La primera medida a tomar sería la prevención primaria para adelantarse a la aparición de la exclusión social extrema, lo que exige la garantía de los derechos sociales y económicos: derecho a educación, vivienda, trabajo y salud. Sería también necesaria una prevención secundaria, orientada a intervenir cuando empiezan a aparecer los problemas familiares de vivienda, enfermedad, empleo, adicción, alcohol, racismo. Finalmente habría que intervenir cuando ya se ha dado la exclusión social, cuando las personas ya están en situación de sin hogar. En España existe una red específica de atención a personas sin techo, que dispone básicamente de centros de acogida, albergues y manutención, pero insuficientes. Para atender a las 30.000 – 40.000 personas sin techo se ofrecen unas 10.000 camas en albergues con estancia máxima de tres a cinco días.
Según Caritas, el 80% de las personas que atienden a los sin techo son voluntarios, unas 13.500 personas, frente a los 2.900 asalariados. El 27% de los centros son públicos y el 73% privados, en su inmensa mayoría de la Iglesia Católica (INE). Estos datos dan una idea del abandono administrativo en que se encuentra este colectivo. En este Día Mundial de los Sin Techo, denuncio la existencia de muchas personas obligadas a vivir en la calle, un fracaso de nuestra sociedad, y hago mía la reivindicación de la campaña de Caritas española: «Ninguna Persona sin Hogar».