Diario de León
Luis Urdiales
León

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Nos han quitado hasta el invierno, que antes se anunciaba discreto, con crepúsculos rojizos y ese silencio atronador que precede a las nevadas. Ahora suena el teléfono o te mandan un twit los del ciento doce edición Pisuerga, con potestad hasta para determinar la intensidad del ruido que va a endosar al acontecimiento, que mide en niveles de alertas, según el manual de entretenimiento del pagano. Llega el momento del puto frío, azuzado con la puta lluvia, que nos cala desde hace tres meses, y el puto viento, avanzadilla de los idus del marzo, que tiene arruinados a los cultivadores de maíz (aunque no esperen ver eso en el parte, que no interesa). Ya se sabe que el ciclo climatológico de León descansa en dos paradas más, la del puto polen y el puto calor, huérfano como se quedó después de perder la otra estación fija, que hasta hace nada tuvo el gusto de señalar Guzmán. Los inviernos se mataron siempre con fábulas a la lumbre de la horneja, que tenía las fauces del lobo y el brillo de los ojos de la garduña; en ese coro se armaban los niños de recursos contra las trampas de la vida, con historias de tipos tan intrépidos como humildes, tan valientes como sobrados de modestia. Ese es el carácter forjado con tesón hasta hacerlo parte del genoma; si no, de qué se iban a aguantar tantas embestidas sin doblar la cerviz. Con ese estrato de roca y arcilla que ha labrado este punto extremo de la Iberia, da igual que nos martilleen con medicación y recetas de que mañana será mejor, con acontecimientos planetarios venideros, como que uno de cerca de Ardoncino se va a convertir en el primer leonés en la Mukata de la yunta, por la misma ley de la sucesión que libró a Lucas del mundo terrenal. Lo del leonés al frente de la corporación es un recurso cíclico y manido, a modo del canguelo de las portadas de la central lechera para amedrentar al Barça. Poco tema para inmutar la condición de los leoneses, gatos escaldados después de Zapatero en un laberinto de avatares, recelosos de libertadores y de otros mesías que no sean los que salen por la tele, tipo Brasero, y aseguran —aunque incapaces de disimular ciertas lagunas de cultura geográfica— que en ese espacio que cubre de Peña Ubiña a Cerredo, de los Montes de León a la desembocadura del Valderaduey entre sol y sol no habrá más borrascas; y que conceden tregua de más alertas para la caravana que se convoca en Villamuñío. Así de mundanos; así de ingrávidos.

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