CRÓNICAS BERCIANAS
Una ciudad de cine
UNA MUJER se baja de un autobús, cargada con una maleta. Una pareja alquila una casa rural huyendo de la rutina. Un hombre se atreve a volver al lugar donde pasaba los veranos con su mujer y no es la misma que se ha bajado del autobús, con la maleta, porque está muerta. Se titula Las huellas que devuelve el mar y es una historia de historias dirigida por un joven realizador malagueño -aunque nacido en Casablanca, la ciudad de Bogart y Bergman- llamado Gabriel Beneroso. El próximo viernes 22 de octubre, la película que protagonizan Cayetana Guillén Cuervo, Antonio Dechent y Marián Aguilera, abrirá la sección oficial a concurso del Festival de Cine de Ponferrada. Dechent y Aguilera estarán en Ponferrada, junto al director, para presentar y defender el largometraje ante el jurado, ante el público y ante los medios de comunicación. Si hace sólo tres años, alguien se hubiera parado a leer esto que acabo de escribir, las últimas dos frases del párrafo anterior le hubieran sonado a película. Hoy las puedo incluir en estas páginas porque son una realidad, porque Ponferrada cuenta, aunque parezca un milagro de Berlanga, con un Festival de Cine. Un certamen pequeño todavía, pero una semilla de algo grande, sin duda, a poco que sus organizadores, la asociación Mi retina me engaña, continúen recibiendo el apoyo que ya han empezado a obtener del Ayuntamiento, de la cadena de cines La Dehesa y de instituciones financieras como Caja España. Exhibir largometrajes, en algunos casos inéditos, en una sección oficial a concurso, con un premio a la mejor película y menciones al mejor actor y a la mejor actriz, supone un salto cualitativo para un certamen que comenzó siendo un concurso de cortos sazonado con proyecciones paralelas y una retrospectiva. Y quién no lo vea así es que está ciego, o quiere estarlo, y desdeña las oportunidades que abre para la ciudad un festival de cine con todas las letras. Parece que en el Ayuntamiento de Ponferrada, afortunadamente, sí han alcanzado a vislumbrar todo lo que puede dar de sí la iniciativa, en una ciudad que presume, aunque llegue a vivir días inciertos, de contar con la primera Escuela de Cine del país vinculada a una Universidad y de un, llamativo por distinto, monumento al séptimo arte en una de sus entradas principales. La concejala de Turismo, Susana Téllez, que no desdeña en absoluto la oportunidad que el certamen ofrece a Ponferrada para atraer visitantes en otoño, aunque sea para que pasen unas horas delante de una pantalla, ha dicho que el Ayuntamiento está dispuesto a convertirlo en «uno de los mejores festivales de España». Y la frase, esta sí, ha debido sonar a música celestial en los oídos de quienes han creado Mi retina me engaña. Ahora hace falta poner los medios para que sea verdad, que Ponferrada acabe siendo, cada otoño, un lugar en la agenda de los cinéfilos, de los productores, actores y directores, y que el festival consiga que los ponferradinos se enganchen al cine español, ése que tan poco hueco encuentra en las carteleras. No estaría mal, y es sólo una sugerencia, que se empezara por dotar al Teatro Bergidum de un proyector. Y que empiece el espectáculo.