Diario de León
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FEDERICO ABASCAL
León

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VARIAS escenas del debate sobre el estado de la Nación sugieren fórmulas inesperadas para el futuro político. Las intervenciones de los portavoces de ERC, Joan Puigcercós; de CiU, Duran Lleida, y del PNV, Josu Erkoreka, indicarían que a Zapatero no le faltan amigos, aunque ninguno de ellos sea gratuito, pues todos se fijan naturalmente un precio alto. Pero ni quienes se mostraban más inclinados a apoyar al Gobierno central, como CiU, se entregan ahora en brazos de Zapatero, ni quienes parecían hondamente dolidos por su expulsión de la Generalitat, como ERC, disimulan sus ganas de volver a abrazarse al presidente. El acuerdo estatutario entre Zapatero y Artur Mas ya presagiaba la voladura del gobierno tripartito de Cataluña, con la expulsión de ERC, mientras que algunas declaraciones del nacionalismo catalán revivían nuevamente el sueño de sentar un ministro en Madrid, recordando a Cambó, que se sentó, y, cómo no, a Roca Junyent, que no llegó a sentarse. Porque Pujol no quiso. Pero Puigcercós no ha cerrado la próxima legislatura, tras las elecciones del otoño, a una nueva experiencia tripartita, una vez amortizado Carod y desdibujado Maragall, pero no antes de que el actual «president» haya vuelto a colmar al PSC de votos del catalanismo. A Zapatero le interesa que en la legislatura próxima, si ganase las elecciones del 2008, le apoyara CiU mediante una alianza estable, incluso con ministro catalán incorporado, lo cual sólo podría suceder si Mas/Duran ganasen en otoño las elecciones autonómicas y formasen gobierno. Si se repitiese, lo que no es ni imposible ni siquiera improbable, la victoria de la izquierda PSC/ERC/ICV, no podría CiU hacer oposición en Cataluña y ser Gobierno o progobierno socialista en Madrid. Queda en esta debate suficientemente comprobado que el Gobierno central ha vuelto a mantener relaciones entre buenas y cordiales con los nacionalismos más bien conservadores, CiU y PNV, tras la incomunicación cejijunta de los últimos años de Aznar, pero los tiempos de González, quien gozaba casi permanentemente del apoyo de esas dos fuerzas políticas, no van a repetirse, y ello porque la situación ha cambiado en Euskadi, y no digamos en Cataluña, donde el PSC no va a dejarse momificar. En Cataluña, sin embargo, la entrada en vigor del nuevo «Estatut» va a aparcar durante un tiempo, una generación tal vez, las reivindicaciones nacionalistas, muchas de las cuales están en el articulado estatutario. En Euskadi, ya lo dijo Erkoreka, ha llegado el momento de hincar el diente a la cuestión política vasca, y Zapatero respondió que el diálogo político puede empezar antes de que se vea el fin de la violencia, lo que no le ha gustado nada al PP, para quien la conversación del socialista local Patxi López con la izquierda abertzale es una doble traición, que los «populares» no van a tolerar.

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