Diario de León

LEONESES POR EL MUNDO | SUIZA | Alicia Argüello. ESTUDIANTE DE DOCTORADO.

«En España no tenemos futuro»

Llegó a Suiza en enero del 2009 para estudiar un doctorado. Quiere ser investigadora. Renuncia a estar con su familia y amigos por construir un futuro en un país con posi

Alicia Argüello, en Zúrich con la iglesia Grossmünster al fondo.

Alicia Argüello, en Zúrich con la iglesia Grossmünster al fondo.

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sergio c. anuncibay | león
León

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Zúrich (Suiza) es ahora su patria. Alicia Argüello García (León, 12 de diciembre de 1984) salió de León hace ya cinco años. Fue a Ámsterdam con una beca Erasmus para terminar el último curso de Ciencias Ambientales. Allí vivió hasta diciembre del 2008. «Hice mi máster en Ecología en la Vrije Universiteit de Ámsterdam y allí encontré mi primer trabajo como asistente de investigación con uno de mis supervisores», revela Alicia, quien llegó a Suiza en enero del 2009 tras conseguir una posición de doctorado en la Universität Zürich. «Y aquí estoy, tratando de encontrar respuestas para las preguntas de mi proyecto», responde.

Siempre que puede regresa a la ciudad que la vio nacer. «Tengo mucha suerte porque no estoy tan lejos. A Madrid es un vuelo de poco más de dos horas. Trato de organizarme para venir en Semana Santa, navidades y verano», explica. No piensa en volver a España, al menos de momento. Sabe que las cosas no están nada bien por aquí. Confía en poder vivir de su trabajo. «Me gustaría continuar vinculada a la investigación, es un mundo apasionante que me da mucha libertad y que te permite seguir tu propio camino», ambiciona. No quiere trabajar para los demás. «Me costaría mucho obedecer órdenes, aunque nunca se sabe. No sé si valdría pero tampoco me importaría dedicarme a la docencia. Eso sí, en Suiza quizá; en España lo dudo», lamenta.

Es muy crítica. «No hay mercado laboral, ni posibilidades, ni recursos, ni futuro y lo peor es que no hay, al menos yo así lo veo, expectativas de cambio», analiza. Alicia sabe que la situación económica del país alargará su ausencia. No parece importarle. «En Suiza todo funciona a la perfección, además de que el paisaje, simplemente, es precioso», afirma.

Hacer amigos, según desprenden sus palabras, no parece tan fácil. «La gente es muy fría, les cuesta abrirse y en general son muy conservadores», lamenta. Pero es sólo un pequeño lunar en un país comprometido con los suyos. «Lo que más me impresiona es la calidad de la enseñanza y, sobre todo, de la vida. Lo que menos, pero esto es muy típico de la clase business de Zúrich, es la importancia que le dan al dinero y al aparentar», revela.

El mercado laboral es otro de los alicientes. Hay trabajo y muchas oportunidades para la gente formada. «No es la cantidad, es la calidad», matiza. El idioma tampoco es un problema para ella. «En la universidad trabajo en inglés, que después de tanto tiempo fuera no me supone ningún problema y con el alemán me voy defendiendo. Normalmente los cursos son de Alto Alemán, pero en Suiza hablan un dialecto, que además canta en cada cantón, con lo que no facilita mucho su aprendizaje. Y no es sólo eso, lo gracioso de Suiza es que hay otros idiomas oficiales: el francés, el italiano y el romance», señala.

Mantiene contacto diario con su familia para mitigar la nostalgia. «Habló mucho con ellos, lo necesito. Sobre todo las conversaciones telefónicas con mi madre son sagradas; anda que no me ayuda con truquillos, mimos, ánimos y recetas. Con mis hermanos y amigos también hablo a través del correo electrónico o las redes sociales. ¡Qué sería de mí sin Internet!», exclama.

La comida tampoco frena sus propósitos. «Hombre, después de vivir en Holanda donde son felices comiendo patatas, queso Gouda y pan de molde, pues la verdad, no me quejo. Aquí está todo bueno y, además, puedes encontrar de todo, pero muy caro. Los precios de las verduras y las carnes son desorbitados. Del pescado de mar olvídate. Eso sí que lo extraño. La relación calidad precio no es comparable ni por asomo a España, donde cualquier menú del día en cualquier pueblo español le da mil vueltas a muchos restaurantes de postín de aquí», aclara.

Aún tiene tiempo para familiarizarse con la gastronomía suiza. «Me quedan aún otro par de añitos para terminar el doctorado». Después... «Quién sabe».

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