Diario de León

SOCIEDAD

Impuesto para luchar contra la obesidad

Tomar una bebida azucarada es, desde ayer, entre ocho y doce céntimos más caro en Cataluña La Generalitat prevé recaudar 40 millones de euros anuales de manera adicional

Cruzada contra las bebidas azucaradas y una nueva vía de ingresos para la administración catalana. CHEMA MOYA

Cruzada contra las bebidas azucaradas y una nueva vía de ingresos para la administración catalana. CHEMA MOYA

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Cristian Reino | barcelona

Tomar una bebida azucarada es desde ayer entre ocho y doce céntimos por litro más caro en la comunidad catalana. De esta manera, la Generalitat ha empezado a aplicar un impuesto que grava productos como las bebidas de néctar de frutas, las deportivas, las de té y café, bebidas energéticas, leches endulzadas, bebidas alternativas de la leche, batidos y leches con zumo de frutas, bebidas vegetales, aguas con sabores, los refrescos y las sodas. El impuesto afecta a un amplio abanico que llena las estanterías de los supermercados y las cartas de los bares y con el que la Generalitat prevé recaudar 40 millones anuales de manera adicional. «Hoy, seguramente, no se notará que la bebida es más cara. El impuesto se empieza a repercutir a partir de la fecha que el punto de venta ha comprado el producto al distribuidor», advirtieron desde la Generalitar.

Esta cruzada contra las bebidas azucaradas representa, en todo caso, una nueva vía de ingresos para las maltrechas arcas de la administración autonómica, aunque el gravamen tiene sobre todo fines sanitarios, según se justificó al implantar la medida. Y es que, en algunos de los lugares del mundo donde este tipo de impuesto ya lleva un tiempo en funcionamiento (como es el caso de algunas ciudades de EE UU, por ejemplo), lo que se ha logrado es que con la subida de los precios haya bajado el consumo, como ya ocurre con el tabaco, lo que tiene consecuencias beneficiosas en lo que se refiere a la obesidad infantil y adulta, enfermedades como la diabetes y la salud dental. En definitiva, el gravamen representa más salud para los ciudadanos y a la postre ahorro para el ya de por sí cargado sistema público sanitario. «La idea es que el usuario pague el impuesto para que se produzca un cambio de hábitos del consumidor», señalaron desde la administración catalana.

Un artículo publicado en la revista Health Affairs sobre la aplicación de la medida en México concluye que en dos años el consumo de estas bebidas disminuyó un 7,6%, con especial incidencia en las familias con los ingresos más bajos. Estudios similares sitúan el descenso en los barrios más modestos de Berkeley (EE UU) en un 21%. Reino Unido aplicará este impuesto a partir de 2018.

En Cataluña, la nueva medida impositiva prevé dos subidas: una de 0,08 céntimos por litro, si el producto tiene entre cinco y ocho gramos de azúcar por cada 100 mililitros, y una de hasta 0,12 céntimos por litro, en caso de que la cantidad de azúcar supere los ocho gramos por cada 100 mililitros. Por tanto, es de esperar que la industria reduzca la cantidad de azúcar en sus productos, lo que sería beneficioso para la salud, o por contra decida repercutir la subida de impuestos en el precio final del producto, lo que también podría ser positivo para la población si consume menos bebidas azucaradas.

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