Diario de León

El secreto del maltratador y ¿asesino? de Mari Trini

La pista de la mujer desaparecida con su hija en 1987 se pierde en la Audiencia de León, donde firmó, junto a su marido y agresor, una citación para un juicio

La balsa de la mina de Berbes donde van a investigar si hay restos humanos.

La balsa de la mina de Berbes donde van a investigar si hay restos humanos.i. cueli / diario de león

Ana Gaitero
Isolina Cueli

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¿A dónde fue Mari Trini el 15 de julio de 1987 tras salir de la Audiencia de León? La pista de esta mujer asturiana, nacida en Bárzana (Selorio) y con 24 años cuando desapareció, y de su hija Beatriz, de poco más de un año, se pierde ese día de verano en el que la actualidad local estuvo marcada por la elección de diputados tras los comicios municipales.

Treinta y ocho años después, se intenta, por tercera vez, poner luz en el agujero negro de la desaparición de una madre y una hija envueltas en un caso de violencia machista, aunque entonces este crimen no tenía nombre ni castigo penal específico. Todo hace pensar que madre e hija fueron asesinadas.

No hay rastro de ellas «no ya solo en España, sino tampoco en Suiza, Francia o Portugal», como señala el auto de la jueza asturiana Ana López Pandiella que ordena recabar todos los medios necesarios para investigar a fondo la balsa de una antigua mina de espato flúor en Berbes (Ribadesella) donde el padre y marido de las desaparecidas arrojó dos vehículos. Aquella mañana de julio del 87, María Trinidad Suárdiaz y Antonio María Da Silva habían flanqueado la puerta del Palacio de Justicia leonés para firmar la citación a un juicio que estaba señalado para el 15 de septiembre de 1987. Marido y mujer, víctima y agresor, entraron y salieron juntos, supuestamente con la niña, tras haber viajado, también juntos, desde Berbes a Oviedo y de Oviedo a León, en autobús.

Antonio Da Silva durante la entrevista en mayo.

Antonio Da Silva durante la entrevista en mayo.I. CUELI / dario de león

¿Volvieron juntos Mari Trini, la niña y Antonio desde León a Berbes? ¿La casa donde se buscaron infructuosamente los restos de las desaparecidas fue el escenario del crimen? Estas preguntas atraviesan una investigación de décadas que se clava como una espina en los investigadores. La vivienda, con todas las modificaciones que el tiempo y la ruina pudieron realizar, habló a los policías de una salida precipitada. Una maleta con ropa de la niña y de Mari Trini, pañales de la niña, dinero en metálico, además de objetos más o menos valiosos, como un cuadro de un pintor belga y una bandeja de plata, y diversos documentos quedaron al albur del abandono.

Un vecino usaba una parte de la vivienda como almacén y nadie dio cuenta de esta casa hasta que, en julio de 2017, Diario de León publica un reportaje resultado de una investigación entre Portugal, Asturias y León que desveló que el ‘Medio Hombre’, como llamaban al portugués por su baja estatura, tenía otra familia en su país natal, una esposa y seis hijos (el séptimo había fallecido en Asturias en 1979), que no sabían nada de su padre y tampoco querían saber.

PABLO SANTAMARTA

«La Trinita se casa», decían las vecinas con alborozo cuando se enteraron del sorpresivo enlace entre Mari Trini y el portugués. La chica vivía con su abuela Felicidad desde la infancia. El 6 de enero de 1985 la pareja, con una diferencia de edad de 19 años, el cura don José bendecía el matrimonio en la iglesia de la Oliva de Villaviciosa. El novio, que nadie sabe cómo cayó por la comarca de la sidra, convidó a algunos vecinos de Berbes para celebrarlo.

La fiesta se aguó enseguida y no por el orbayo asturiano. El «Portugués» pronto empezó a mostrar su verdadera cara. Poco después de la boda arrojó a Mari Trini y su abuela en un coche por otro barranco en las curvas del pueblo de Lué por la n-632 en dirección a Colunga. Mari Trini regresó sola en autobús desde Suiza, a donde le acompañó en una ocasió, tras alertar a su familia del maltrato. Un rostro de violencia, unas voces y unas manos que conocía muy bien su primera esposa.

 Nacido en el poblado minero de Sao Francisco de Asís, en Covilha, Portugal, emigró a Francia y se casó en 1971 con María Teresa Vieira en Haute Saoui (Alta Saboya). La mujer salió corriendo de Matadeón de los Oteros, «embarazada y con tres críos de la mano», confesó a Diario de León en 2017 por teléfono. Salió corriendo y como pudo de la misma casa en la que Mari Trini quedó encerrada.

La joven tiraba papelitos pidiendo auxilio a los vecinos y donde la rescataron sus padrinos con la Guardia Civil el 25 de abril de 1986. Da Silva fue detenido y estuvo en prisión hasta el 13 de junio. Mari Trini estaba embarazada y no le faltaba mucho para parir. El 26 de junio de 1986 nacía en el hospital de Cabueñes una niña a la que pusieron Beatriz. En su historia clínica consta que tenía problemas auditivos y la investigación le atribuye un retraso mental que no está corroborado, como tampoco está acreditado en el caso de Mari Trini. Sus allegados coinciden en que era retraída y tímida, pero también trabajadora.

Da Silva burló el juicio en León por retención ilegal y amenazas a Mari Trini en Matadeón de los Oteros

Una carta que escribió dos veces, con pequeños cambios, y que se encontró en un cuardeno en Berbes apunta a que Mari Trini tenía, al menos de pensamiento, cierta determinación: «Antonio, mira, será mejor que no vengas más por aquí a molestarnos, porque todo lo que tenías aquí, lo llevaste. Lo que teníamos que hablar lo hablamos en el juzgado», dice en las dos copias manuscritas a boli. «Antonio, cúrate que no estás bien. Tú tienes algo. Cuando tú cambies y yo cambie entonces nos volveremos a juntarnos (sic) y seremos felices. Lo que estoy arreglando tengo que seguir porque es por el bien tuyo y el mío, por si acaso no nos entendemos, pues ya lo tenemos arreglado», concluye. Parece determinada a tomar una decisión. ¿Se iba a divorciar como muchas de las 1.328 mujeres asesinadas en España desde 2003?

Hacia dónde encaminaron sus pasos Mari Trini con su hija y Antonio y lo que ocurrió después de dejar atrás la portada de la Puerta de la Reina en el palacio de la Audiencia de León es el secreto mejor guardado de Antonio María Da Silva. Ni los tres días que estuvo en el calabozo, ni el interrogatorio de la jueza lograron sacarle una palabra para incriminarlo cuando fue localizado en 2018 tras una larga búsqueda iniciada por el padre de Mari Trini en los años 90.

La frialdad del hombre quedó patente en las escuetas y evasivas respuestas que dio a este periódico en el mes de mayo, tras ser localizado en una residencia de mayores. «Tú sigue por ahí, sigue por ahí», decía con sarcasmo ante las insistentes preguntas sobre el paradero de Mari Trini y Beatriz. Al escuchar el nombre de la mujer y la niña se puso violento y farfullaba, entre francés y portugués, algo parecido a «armas». Las armas eran una de sus ‘aficiones’ y uno de los delitos de su historial penal.

Da Silva tiene 82 años. Mari Trini cumpliría 63 años el 7 de noviembre y Beatriz habría hecho 39 en junio. Para él es como si no hubieran existido. Aunque parezca arrepentido en la foto tomada durante la entrevista en la residencia, nada más lejos de la realidad. Es más que probable que, aunque se demostrara que las asesinó, no pudiera ser juzgado. Ni por humanidad. En todos estos años no se ha interesado por la casa de Berbes, ni tampoco por la de Matadeón de los Oteros, donde dos mujeres fueron maltratadas.

Un lugar donde poner flores a Mari Trini y Beatriz

El último familiar directo de María Trinidad Suardíaz y su hija Beatriz, aparte del marido y padre, fue su hermano Carlos Manuel, fallecido en noviembre de 2017 en el hospital de Cabueñes de Gijón, tras años en la calle. Fue él quien, en 2002, presentó la denuncia por la desaparición de la herana y sobrina en la Comisaría de Gijón. Carlos llamaba «bandido» a su cuñado. No le nombraba. Le pareció raro que Trini se fuera «sin decir nada». Unos sobrinos de su abuela, Senén García y Mercedes Nosti, son los últimos parientes. No esperan encontrarlas con la vida y hallar sus restos sería un alivio. «Tendríamos un lugar donde ponerles flores». No son los únicos. El alcalde de Ribadesella, Paulo García Díez, ha señalado a este periódico que "han pasado muchos años, ya es hora" . Esclarecer este caso supone llenar el vacío de 38 años de desaparición, dar descanso a las víctimas y tranquilidad a la comarca. 


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