Diario de León

Una balsa minera, último rastro de Mari Trini, la asturiana desaparecida que buscaron en León

Siete años después de cerrar el caso, se confirma que dos coches del portugués cuya esposa e hija desaparecieron en 1987 están en una charca en Asturias

Las dos boyas amarillas que señalan los lugares donde se encuentran sumergidos los vehículos arrojados por Da Silva en Berbes.

Las dos boyas amarillas que señalan los lugares donde se encuentran sumergidos los vehículos arrojados por Da Silva en Berbes.cueli

Ana Gaitero
Isolina Cueli

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Siete años después de que la búsqueda de las asturianas María Trinidad Suardíaz y su hija Beatriz Da Silva fuera archivada por segunda vez, el caso se ha reabierto en busca de los dos coches que, según testimonios vecinales, había arrojado a la balsa de una antigua mina de fluorita el marido y padre de las desaparecidas en 1987, cuya pista llevó la investigación a Matadeón de los Oteros en 2016.

Según ha podido saber este periódico, efectivos policiales han investigado la laguna de Berbes (Ribadesella. Asturias), muy cercana a una vivienda propiedad de Da Silva en este pueblo, último domicilio familiar conocido antes de la desaparición. La mina se abrió en 1930 y se había cerrado en 1959.

La inmersión ha confirmado la existencia de ambos vehículos, como apuntaron los vecinos en su día, en las profundidades de la charca, entre muchos lodos. El portugués las arrojó desde una altura de unos 40 metros que tiene el barranco. Sendas boyas amarillas señalan la ubicación de los coches, a expensas de que se decida extraerlos con una grúa para comprobar si hay restos humanos dentro.

La búsqueda fue activada por el Juzgado de Instrucción número 4 de Asturias, lo que supone la reapertura del caso que llevaba archivado, por segunda vez, desde 2018. Los dos intentos de localizar los cuerpos de las desaparecidas en viviendas propiedad del portugués, en Matadeón de los Oteros (León) en 2016 y en Berbes (Asturias) en 2018, resultaron fallidos. En Berbes se encontraron maletas con ropa y una carta en la que Mari Trini pedía a su esposo que «no vengas por aquí a molestarnos más» y que se curara porque «no estás bien».

«Lo que tengamos que arreglar lo arreglamos en el juzgado», añadía la misiva. Sin embargo, no se presentaron a la cita que tenían en la Audiencia de León el 15 de julio de 1987 por una denuncia de maltrato.

La incógnita ahora es si se van a extraer los dos vehículos para comprobar si hay restos humanos o indicios de que los hubiera. Los lodos tienen invadidos los vehículos y en la inspección ocular no se ha observado rastro de posibles víctimas. En 2018, el comisario jefe de Gijón se mostró reacio a investigar en la charca, dadas las condiciones, aunque no descartó que en verano, cuando bajara el nivel del agua, se pudiera hacer una incursión.

Nunca se intentó hasta hace unos días, cuando un equipo especializado de la Policía Nacional se adentró en estas aguas. El inspector de la Udev (Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta) de Gijón que dirigió la búsqueda de Mari Trini y Beatriz, y que fue muy persistente en investigar en la laguna, no ha querido responder a este periódico sobre el asunto.

Los operarios municipales que analizan diariamente una toma de aguas de Ribadesella, situada por encima de la balsa, en una antigua galería de la mina, señalaron que las boyas llevan una semana colocadas sobre la lámina de agua.

El caso de Mari Trini y su hija es un ejemplo de cómo vivían las mujeres la violencia de género cuando esta no tenía nombre ni castigo específico en el Código Penal.

Nadie sabe muy bien por qué a la joven «la casaron» con un hombre que casi le doblaba la edad —tenía 24 años cuando desapareció con su bebé de 13 meses y el marido 43— y que según descubrió la investigación de Diario de León estaba casado en Francia con otra mujer, con la que tenía varios hijos. Antonio María Da Silva tenía 43 años en 1987 y llevaba una extraña vida, a caballo entre un lumpen y un trabajador emigrante que se deslizaba por países europeos como Francia, Suiza y Holanda con sospechosos objetivos.

Antonio María Da Silva fue localizado en Portugal y puesto a disposición de las autoridades españolas en marzo de 2018, tras la investigación publicada por Diario de León que desveló su doble vida y la existencia de la vivienda de Berbes.

El hombre salió sin cargos de los juzgados de Gijón y tras deambular por Asturias, acabó en una residencia de mayores de la Junta de Castilla y León, donde le proporcionaron una plaza en un centro público tras ser rescatado de la calle.

La desaparición de madre e hija tuvo a la familia en jaque. El padre pidió ayuda a amigos cercanos en la Guardia Civil y realizó pesquisas por su cuenta. El caso llegó a manos de la Udev de Gijón a petición de su hermano, ya fallecido.

Actualmente, no queda ningún familiar de Mari Trini y Beatriz salvo Antonio Da Silva, que tiene 72 años. Localizado por este periódico, eludió referirse a la esposa e hija con evasivas. «Tú sigue por ahí, sigue...», se limitó a responder Da Silva con total frialdad.

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