La madrina de Mari Trini: "Que el Portugués las mató lo tenemos segurísimo"
Los misteriosos viajes de Antonio da Silva por Europa han llevado a la Policía a buscar a María Trinidad Suárdiaz y su hija Beatriz da Silva, desaparecidas en 1987, en Suiza, Francia y Portugal, además de León y Asturias

Las pistas para seguir la búsqueda de Mari Trini y su hija Beatriz se escurren, como el agua de la balsa de Berbes (Ribadesella. Asturias), vaciada esta semana y sin rastro de las asturianas desaparecidas en 1987. Sólo una confesión de Antonio María da Silva podría dar con el paradero de María Trinidad Suardíaz y Beatriz da Silva, treinta y ocho años después de que su huella se perdiera en los legajos de la Audiencia Provincial de León.
Según el Centro Nacional de Personas Desaparecidas, el 95,5% de las desapariciones se resuelven. El caso de Mari Trini y su hija Beatriz queda dentro del 4,5% envuelto en una nube de misterio.
La poca familia que queda de Mari Trini está desolada. «Teníamos esperanza de que salieran los coches y algo se supiera», apunta Trini, la madrina de Mari Trini. «Es una vergüenza que no hagan cantar a ese tío porque que las mató, lo tenemos segurísimo», añade.
«Ella era muy inocentina y le faltaba algo, pero le hubiera dado para volver y además tiene aquí su herencia», subraya. «No hay derecho, es como lo de la nena esa, Marta del Castillo», concluye.
Trini y su marido Pepe fueron a buscar a Mari Trini al cuartel de Santas Martas en abril de 1986, cuando vivía en Matadeón de los Oteros con el Portugués. Da Silva había encerrado a la joven en uno de sus viajes, como antes hacía con su primera esposa, Teresa, también víctima de malos tratos.
Mari Trini pidó auxilio a los vecinos tirando un papel por la ventana. «La Guardia Civil dio con nosotros y fuimos a buscarla. Nos tuvieron en el cuartel hasta que llegó él detenido. Le dijimos que nos tenía para lo que necesitara, pero que si volvía con él, se olvidara de nosotros», recuerda.
La joven estaba embarazada de Beatriz y dio a luz el 26 de junio en el hospital de Cabueñes. Para entonces estaba acogida en La Casita, un centro para madres solteras y mujeres en dificultades gestionado por las Madres Adoratrices en Gijón.
La desolación por la falta de resultados en la balsa de Berbes se extiende entre las personas allegadas que conocieron de cerca a Mari Trini y su familia. «Ay, qué pena me dio cuando vi a los de la UME marchar... ¿Qué será de esta criatura, la probitina?», dice Marité, una vecina de Bárzana. Recuerda como si fuera ayer la última vez que vio a Mari Trini. «Teníamos vacas, estábamos segando y llegó con la cría a despedirse», relata. Volvía con su marido, dijo, porque así se lo aconsejaron las monjas.
«Trini, escríbenos para saber de ti, que no te pase como la última vez», le dijeron. Y ella respondió: «No te preocupes que voy a escribir», pero no llegaron cartas ni Mari Trini regresó a su pueblo. La casa de Bárzana y la de Castiello, su herencia entre otras propiedades, se están cayendo. Si se declarara el fallecimiento de Trini, el heredero legal sería Antonio da Silva.
Mari Trini y su hija no aparecen vivas ni muertas. «Es una pena», dice Rosita, una vecina que recuerda ver a madre e hija en el autobús yendo para Villaviciosa. «La niña ya andaba y corría por el autobús y ella no sabía sujetarla bien», recuerda.

Mari Trini, en una imagen de la época en que desapareció.
Rosita y su marido tuvieron un colmando-cantina en La Reguerina. Allí conoció al Portugués. «Se me quedó grabado porque era bajito y llevaba zapatos de tacón para parecer mejor mozo», apunta decepcionada por el resultado de la operación en Berbes.
«Pero, ¿no podrán hacer hablar a ese asesino?», apostilla mientras recuerda que en cierta ocasión provocó un accidente con el coche, en la curva de La Golondrina, que casi le cuesta la vida a Mari Trini y su abuela Felicidad, con la que crió. «Le llevaron a él y resulta que las que estaban mal eran ellas», asegura. «Siempre se dijo que las tiró adrede por el barranco», añade.
Aunque la Policía seguirá cualquier pista fiable para intentar esclacerlo por más años que hayan pasado, el caso vuelve al punto de partida. El 15 de julio de 1987 quedaron estampadas las firmas de Mari Trini y Antonio da Silva en los oficios para el juicio por detención ilegal y amenazas que se iba a celebrar en León el 15 de septiembre de ese año.

Billetes de 500 pesetas encontrados en la chaqueta de Da Silva.
Víctima y maltratador acudieron juntos a darse por enterados de la fecha del juicio, señalado para el 15 de septiembre de aquel año y que nunca llegó a celebrarse por incomparecencia del acusado y de la víctima. Da Silva, sobre el que pesaba orden de búsqueda y detención, fue localizado 1989 y estuvo en prisión por tráfico de armas.
Se intentó celebrar el juicio, pero a Mari Trini ya no la encontraron en ningún domicilio. Su padre dijo que no sabía nada de ella.
Por tanto, la clave está en a dónde se dirigió la pareja con la niña después de salir de la Audiencia de León aquel miércoles 15 de julio. El Portugués, que durante años se escurrió a las pesquisas policiales, es una tumba a la hora de hablar sobre Mari Trini y Beatriz.
La magistrada Ana López Pandiella se ha desvivido en su búsqueda desde el Juzgado de Instrucción número 4 de Gijón. Quedó estupefacta con la frialdad que mostró Da Silva cuando le interrogó en marzo de 2018, después de que la Policía lo localizara en Portugal gracias a la colaboración con la policía lusa.
Tampoco los inspectores de la Udev de Gijón ni el equipo especializado en psicología criminal, que le visitó en la residencia donde vive en Zamora, han podido arrancarle una palabra. La Policía descarta que Mari Trini y su hija estén vivas en España, Portugal, Suiza o Francia, países en los que han rastreado en gestiones de identidad o atención sanitaria.

Objetos de la casa de Berbes de Antonio da Silva.
«El fracaso policial sería que estuviera viva y no la hubiéramos encontrado», señalan fuentes acreditadas. La pista de la balsa de Berbes era sólida. La policía había encontrado referencias documentales de dos vehículos propiedad de Antonio da Silva en la casa de Berbes, un Volkswagen y un Peugeout 304 blanco.
Un testimonio firmado de un vecino aseguraba que el Portugués había arrojado dos vehículos a esta laguna formada por la explotación de una antigua mina de fluorita en la costa de Ribadesella.
La exploración del GEO (Grupo de Operaciones Especiales) detectó restos de lo que parecían dos o incluso tres vehículos. Pero era imposible saberlo sin drenar la balsa, que fue lo que ordenó hacer la jueza de instrucción de Gijón en un auto del pasado 28 de octubre.
Lo que había en la balsa era una bañera (pintura blanca) y los restos de una vieja furgoneta que perteneció a la empresa minera. Y un gran chasco para la investigación. Al día siguiente de irse la UME y todos los especialistas de la Policía Nacional de la balsa, rescataban en una playa cercana los restos de un dinosaurio.

Una medalla de la Virgen de Fátima hallada en el equipaje que quedó abandonado en Berbes.
La desgracia persiguió a la familia de Gonzalo Suardíaz y Marujina Suero. Tuvieron dos hijos, Javier y Carlos Manuel, y una hija, Mari Trini. A Javier le atropelló un coche entre Luces y Lastres y nunca se supo si fue un accidente o una agresión intencionada. «El conductor se dio a la fuga y allí quedaron las rodaduras», recuerda Rosita.
Carlos Manuel, quien presentó la denuncia de la desaparición en 2002 en la Comisaría de Gijón, acabó en la calle y murió en esta ciudad, en el hospital de Cabueñes, en noviembre de 2017. Era el padrino de Beatriz.
«No recuerdo la última vez que la vi, aunque mi hija dice que fuimos a verla a La Casita de las monjas», señala la madrina de Mari Trini. Tampoco recuerda a la niña. «Al Portugués lo conocimos porque fueron a decirnos que se casaban, pero no nos invitaron. La boda fue cosa de la abuela y de un sobrino al que llamábamos el Americano». «La abuela estaba muy contenta porque él llevaba cajas de bombones», añade. Trini es tajante sobre Da Silva: «A mí no me cayó bien nunca. Iba con la cabeza gacha. No miraba a la cara».
Según ha publicado La Nueva España, el Portugués habría ofrecido a la Policía su colaboración a cambio de ser trasladado a Suiza. Según fuentes cercanas a la investigación consultadas por Diario de León «es falso».
«Tú sigue, sigue por ahí», fueron las pocas palabras que dijo Antonio da Silva el pasado mes de mayo, en la residencia de Zamora, a preguntas de las dos reporteras que dieron con su paradero. Farfullaba frases en francés y portugués, hablaba de «malandres» y «canallos», de metralletas y balas, pero nada sobre Mari Trini y su hija. Levantó la voz y se revolvió cuando oyó por primera vez el nombre de Beatriz. Después, nada.

El traje con el que el Portugués se casó con Mari Trini.
Las correrías del Portugués por diversos países de Europa, especialmente Francia y Suiza, llevaron a los investigadores a rastrear por estos países y también en Portugal un posible paradero de las mujeres. Resultado negativo. Da Silva vivió varios años en Francia con el nombre falso de Mauricio Ramos Lopes.
Antonio da Silva nació el 28 de febrero de 1944 en una pequeña aldea, Sao Francisco de Assis, en Covilha, Portugal, donde se encuentra la mayor mina de wolframio del mundo aún en activo. Da Silva emigró a Francia y se metió en negocios de contrabando aunque esporádicamente trabajaba en empleos regulares, como atestiguan las nóminas que dejó en la casa de Berbes. Hacía trabajos de albañilería y en las dos casas donde ha investigado la policía había hecho agujeros en el suelo. En 1999, cuando el Ayuntamiento de Matadeón de los Oteros derribó la casa por peligro de ruina, el alcalde avisó a la Guardia Civil porque temían que hubiera algún cadáver dentro, en concreto de un niño.
En Matadeón de los Oteros, antes que con Mari Trini, vivió con su primera esposa Teresa y los hijos más pequeños. Los mayores los criaba la abuela en Portugal. La mujer huyó del pueblo embarazada de la hija más pequeña, Fátima, que nació en 1982.
Cuando la Policía exploró este solar en 2016, con ayuda de la UME, el único resto que encontraron del Portugués fue la matrícula de un coche. Sospechan que cambiaba las placas a los vehículos que usaba.
De sus viajes por Europa dejó constancia en pequeñas agendas. Una de ellas tiene anotado su nombre y como dirección aparece Matadeón de los Oteros. En 1983 realizó un trayecto entre Ginebra y Londres entre el 19 y el 22 de marzo. Entre las direcciones que tenía anotadas figuran las embajadas de Australia, Arabia Saudí, Costa Rica, Venezuela, Canadá... También referencias a un viaje a Colonia, en Alemania y a Amsterdam, en Holanda.

La parte superior de la casa de Berbes, en 2018. Todo apunta a una salida rápida e improvisada.
Cuando en 2018 le localizan en Portugal vivía en una cabaña en Óbidos. Tras ser interrogado en Gijón volvió a la calle y apareció en Zamora. Dormía en un parque y no quería ser recogido. Los vecinos le llevaban comida y le dieron una tienda de campaña. Finalmente le convencieron y entró en la residencia donde vive con su secreto.