Diario de León

Máximo histórico en el Stem Talent Girl

El programa alcanza un récord de matriculadas, con 160 alumnas en la provincia de León y 51 mentoras de distintas especialidades en carreras de ciencias

Una niña mira por un microscopio.

Una niña mira por un microscopio.MART PRODUCTION

Carmen Tapia
León

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El programa STEM Talent Girl de la Fundación ASTI, ha logrado este año su máximo histórico de matriculaciones en la provincia de León. En este curso académico participan 160 alumnas (25 de bachillerato, 115 de secundaria y 20 de la Universidad). El programa cuenta con 51 mentoras leoneses que acompañan a las alumnas mediante diferentes mentorías como one to one (presencial) para las alumnas de cachillerato, universidad y FP; y shadowing (trabajo en la sombra) para las alumnas de ESO; y sesiones orienta STEM para centros los centros educativos. Todas son profesionales de carreras tecnológicas y de ciencias como físicas, ingenieras, veterinarias, farmacéuticas, biólogas, investigadoras, químicas, informáticas, enfermeras o médicas, entre otras, que trabajan en diferentes empresas e instituciones como la ULE, Chemo, Mabxience, Syva o CSIC.

Este año las actividades se han organizado de manera segmentada para cada grupo de edad y poner el acento en las necesidades educativas en cada etapa de la vida, como es la experimentación para las alumnas de 1º y 2º de ESO; la inspiración para las matriculadas de 3º y 4º de SO; la orientación en el Bachillerato y la empleabilidad en la FP y la Universidad.

Laura González Llamazares, ingeniera aeronáutica.

Laura González Llamazares, ingeniera aeronáutica.ángelopez

«Las niñas tienden a un perfeccionismo y una autoexigencia tan altos que acaban vinculando el resultado académico a su identidad»Laura González Llamazares

Las alumnas de secundaria han recbido formación para crear monólogos de ciencia y las alumnas más mayores han podido elegir su mentora personal. Este mes se va a celebrar en León las jornadas de empleabilidad para poner en contacto a las alumnas de FP y universidad con empresas de Castilla y León.

Avanzar

Aunque en los últimos años se ha avanzado mucho todavía es necesario hacer políticas que pongan la atención en una ciencia de mayor calidad que incluya y no discrimine a las mujeres. En el Día Internacional de la mujer y la niña en la ciencia, que se conmemora el 11 de febrero, el informe del Observatorio STEM de la Fundación Asti destaca que el 40% de las alumnas de Bachillerato siente ansiedad ante las matemáticas, lo que les frena para seguir con los estudios de ciencias.

Para la ingeniera aeroespacial Laura González Llamazares, leonesa que viajará al Ártico como segunda comandante en la misión Hypatia III, la ansiedad que sufren la alumnas con las matemáticas no es por falta de capacidad sino al miedo al error. «Las niñas tienden a un perfeccionismo y una autoexigencia tan altos que acaban vinculando el resultado académico con su propia identidad y valía personal. Si fallan en un problema matemático, en ocasiones llegan a sentir que las que fallan son ellas, cuando realmente el error es una parte fundamental del aprendizaje».

Para González Llamazares es imprescindible «despertar la curiosidad de los niños y niñas por saber cómo funcionan las cosas. En la enseñanza se debería trabajar más la aplicación de las matemáticas y darles un propósito real, fomentar el aprender haciendo. Un ejemplo es el Fab Lab León, donde los niños y niñas aprenden con un proyectos prácticos, de forma que las matemáticas dejan de ser números en un papel y se convierten en la herramienta para que su robot se mueva o su pieza impresa en 3D encaje». La ingeniera aeroespacial, que tienen como propósito por cumplir convertirse en astronauta, se considera muy afortunada «porque porque no tuve grandes obstáculos externos; mis padres me apoyaron siempre y me dieron total libertad para explorar, pero en mi familia no había ingenieros ni científicos, solo libros. Yo no era la niña que desmontaba radios para ver cómo eran por dentro; yo era la niña que aprendió a leer con Harry Potter y que disfrutaba muchísimo con la literatura y la historia gracias a profesores excepcionales».

Recuerda los años de Bachillerato con mucha presión. «Se espera que a los 17 años sientas una gran vocación hacia una profesión, pero a mí me gustaba todo. De hecho, no descubrí el verdadero atractivo de la ciencia hasta segundo de carrera, al empezar a hacer proyectos prácticos y redescubrir la ingeniería como un área muy colaborativa. Creo que hoy las niñas tienen una ventaja gracias a tecnología y herramientas como las impresoras 3D, kits de robótica o Arduino, que permiten pasar de la teoría a la práctica rápidamente de una forma divertida».

Para fomentar las vocaciones, Laura González apuesta por crear comunidad a largo plazo. «El interés por la ciencia a menudo es una curiosidad que hay que regar con el tiempo. Lo que realmente marca la diferencia es el acompañamiento: necesitamos redes de apoyo y mentoría constante para que las niñas se sientan acompañadas cuando aparezcan las dudas o esa autoexigencia. Programas como STEM Talent Girl o Poderosas siguen esta metodología. Además, debemos pasar de la teoría a la acción. No basta con que las niñas escuchen a una ingeniera; necesitan ‘tocar’ la tecnología, usar una impresora 3D o programar su primer código para ver, en primera persona, que son capaces de hacerlo — ¡y que es divertido! También es importante humanizar la profesión. Hay que dejar de vender la ingeniería como algo frío de máquinas y mostrarla como lo que es: una herramienta muy colaborativa y con un alto impacto social. El interés por este camino será mucho mayor cuando entiendan que la ciencia es el vehículo más directo para ayudar a los demás y proteger nuestro planeta».

Los cambios culturales son lentos y tardan en calar. «La mercantilización de las redes sociales lleva a la marginación de los perfiles científicos: los algoritmos favorecen la superficialidad; la estética o la moda tienen una difusión masiva, mientras que el logro científico queda relegado. Además, para muchas influencers, estar en redes es su trabajo a tiempo completo, mientras que muchas científicas divulgan de forma secundaria, en su tiempo libre o como un esfuerzo extra por devolver algo a la sociedad. Por suerte tenemos nuestras carreras y proyectos reales, pero eso implica que seamos muchas menos voces y con muchísimo menos alcance». El gran cambio, para la leonesa, está en «valorar a las mujeres por lo que logran y no por su imagen".

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