Historias de superación (2)
Andrea Franco del Egido, síndrome de Down: «Mi sueño es trabajar en una guardería"

Una bebé con síndrome de Down en brazos de una madre y un padre que vivían en la incertidumbre de cómo afrontar su crianza eran el centro de atención el día que se inauguró Amidown. Ahora tiene 31 años, trabaja como auxiliar de tareas administrativas en la empresa Dayvo y sueña con tener una vida independiente.
El camino no ha sido fácil. Andrea nació en la era Logse y vivió la integración escolar en un colegio ordinario, La Palomera, donde fue feliz. Cantó en el coro y participó en actividades escolares. La llegada al instituto fue un duro golpe. Al haber repetido curso perdió a su grupo de referencia y no solo no fue bien acogida, sino que sufrió acoso: sus compañeros le metían notas en la mochila que no entendía.
La familia optó, después de 2º de ESO, por su escolarización en un grado especial de Formación Profesional que puso en marcha Amidown. Andrea empezó a volar y a bailar con el grupo de Rumballet. Tuvo su primer trabajo en Burger King, pero, después de un año, sus problemas de visión —glaucoma, uveítis y catarata— le impdieron seguir porque su visión se redujo al 10%. Luego consiguió un puesto en una tienda de telefonía móvil que cerró sorpresivamente y dejó a los trabajadores en el aire.
Hasta que, hace seis años, le llegó una nueva oportunidad que la pandemia estuvo a punto de truncar. La empresa de marketing digital Dayvo le ofreció un contrato de media jornada dos días a la semana. A los pocos días de empezar se declaró el estado de alarma y todo el mundo se fue a casa. Andrea también. Cuando se reincorporó tuvo que empezar de nuevo la adaptación laboral. Escanea documentos, destruye papel, baja al buzón del Edificio Europa y pone las etiquetas de los clientes, entre otras tareas. Es un empleo con apoyo en el que la labor de la coordinara, Mónica Rodríguez, consiste en hacer de mediadora entre Andrea y la empresa. Además en la asociación trabajan las habilidades de sociales y laborales dos días por semana. P«Me costó mucho adaptarme cuando tuve un cambio de jefa», admite. Ahora está totalmente integrada y feliz en el trabajo.
Uno de sus sueños, aparte de casarse y celebrar una gran boda, es «trabajar en una guardería». Haría falta un módulo de FP adaptado que no existe. «Me gustan los niños y se me dan bien. Mis primos quieren que les cuide yo», comenta. De momento, realiza una formación de auxiliar de tienda que ofrece Down León-Amidown.
El éxito de su segunda operación de la vista —ha recuperado hasta el 40% de visión— ha dado un vuelco a su vida después de una dura etapa en la que se sumó la ruptura con la pareja con la que compartió la mayor parte de su ocio durante 11 años. Con el tiempo, ayuda psicológica y un nuevo amor ha superado el bache. «Ahora estoy bien». Y está muy orgullosa de haber sido una de las personas que leyeron el manifiesto del Día del Síndrome de Down el pasado 21 de marzo en León. «Superar la timidez ha sido un gran reto y me sentí adulta y valiente». «He superado mis barreras, hace falta que la sociedad supere las que nos pone y nos den más oportunidades» porque, como dice el lema, «No soy yo, eres tú».