Diario de León

CULTURA Y TRADICIONES

Tío Puncho, gitano de respeto en León: "No somos malos, no juzgues sin conocerme"

El consejo de ancianos preside en León el acto para conmemorar el Día Internacional del Pueblo Gitano

Tío Puncho, el anciano de respeto para la comunidad gitana de León.

Tío Puncho, el anciano de respeto para la comunidad gitana de León.ÁNGELOPEZ

Carmen Tapia
León

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Los 601 años en León todavía no han conseguido cerrar prejuicios y desigualdades. El consejo de ancianos y gitanos de respeto por edad de León, presidieron este miércoles en el Ayuntamiento de León el acto conmemorativo del Día Internacional del Pueblo Gitano, entre ellos, el tío Puncho, que junto a Torres velan por la buena convivencia entre las familias gitanas. Alrededor de 3.000 personas gitanas viven en León y su alfoz. Es una cifra aproximada, ya que el registro de las personas por etnia está prohibido por la ley.

«Estos actos tienen que servir para que la juventud que viene detrás de nosotros respeten nuestra cultura, que sigan adelante confiando en la palabra de los ancianos». Para tío Puncho, que ayer tuvo un lugar preferente y recibió las alabanzas del alcalde de León, lo importante es «que los vayan por buenos caminos». Nacido en Astorga, llegó a León hace 50 años para trabajar como peón en la construcción . «La vida ha cambiado muchísimo, ahora somos más valorados y nos tienen más confianza. A todo el mundo hay que darle esa pequeña libertad para que crean en nosotros, que no somos malos, es la sociedad la que nos cree malos, pero yo me pregunto ¿me conoces? ¿Has convivido conmigo? Si quieres conocerme habla conmigo y entre los dos encontraremos una solución para que payos y gitanos nos tengamos cariñó». Como anciano de respeto en la comunidad gitana, interviene en los conflictos familiares. «Decía mi tío Caquicho que en un hogar que no haya cariño, amor, respeto y convivencia, tanto en los gitanos como en los payos, no va a ningún lado. Hasta ahora, en los matrimonios en los que hemos intervenido, siguen adelantes. «Estamos exentos, las guerras son para quienes las hacen. ¿Por qué no manda Trump a sus hijos a la guerra?. Nosotros queremos paz y libertad».

El alcalde de León, José Antonio Diez, defendió la «plena integración» de la comunidad gitana en León «donde ha encontrado un espacio donde sentarse, desarrollar sus vidas y formar una familia. Una comunidad que suma en la ciudad».

Durante el acto, que contó con la actuación de José Escudero y el coro de León, se proyectaron varios vídeos para destacar el papel de las mujeres gitanas «como pilares de la familia y guardianas de la tradición. Son memora, orgullo y transmisión de valores», se puso como ejemplo la lucha del gitano Sebastián Navarro, que desde Castrofuerte luchó por sus derechos y su honorabilidad, tras varios episodios de discriminación, hasta conseguir una ejecutoria del sello real.

Retos históricos

En el manifiesto, el pueblo gitano evidencia que todavía persistes «retos históricos», reivindican su capacidad de resilencia y perseveración de un legado cultural propio y su contribución y reconocimiento a la cultura «somos un pueblo que ha aprendido a dirigir su propio camino, pero también con colaboración. Hemos sufrido las guerras que son ajenas a nosotros, nos han esclavizado y nos han perseguido. No estamos a favor de las guerras, la violencia destruye a los pueblos, Reivindicamos memoria, justicia y futuro». El acto acabó con el himno ‘¡Gelem, Gelem! (anduve, anduve).

Antonio Vargas, ayer en el acto del Día Internacional del Pueblo Gitano.

Antonio Vargas, ayer en el acto del Día Internacional del Pueblo Gitano.ÁNGELOPEZ

«Saqué una carrera, estaba casado, con dos hijos y trabajaba al mismo tiempo"

Antonio Vargas es graduado en Administración y Gestión de Empresas por la Facultad de Económicas de la Universidad de León, un título que consiguió con sacrificio y dedicación cuando ya estaba casado y tenía dos hijos. Abandonó los estudios a los 14 años y se puso a trabajar con su familia en los mercadillos. «Dejé de estudiar por la presión grupal, porque era lo que hacían todos los de mi entorno, porque los estudios se me daban bien». Pero a los 22 años de dio cuenta de que sin estudios apenas tenía oportunidades laborales para mejorar y mantener a su familia. «Los mercadillos no dan para mucho, así que retomé los estudios. Empecé desde abajo, en clases nocturnas, saqué la ESO y de ahí todo lo demás. Trabajaba y estudiaba. En medio de todo llegaron los dos críos, uno tiene ahora 12 años y otro 5». Antonio trabajaba en los mercadillos y estudiaba fuera de su horario laboral. «Llegaba a la Facultad de Económicas con la furgoneta llena de trastos desde el mercadillo, salía de casa a las siete de la mañana y volvía a las nueve de la noche», un sacrificio que mantuvo durante cinco años «a costa de no poder ver casi a mis hijos y cargar con todos los cuidados a mi mujer. Parte de mi carrera se la debo a ella», porque la jornada no acababa a las nueve. «Cuando todos se acostaban yo me quedaba estudiando hasta las tres o cuatro de la mañana y me volvía a levantar a las siete. Me he tirado cinco años durmiendo tres o cuatro horas. Es duro hacer lo que yo he hecho. Los jóvenes se tienen que centrar en los estudios porque luego es más difícil». Ahora trabaja como prospector laboral en la Fundación Secretariado Gitano. «Siempre está muy bien renovarse, yo sigo y me estoy planteando hacer el máster»
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