Morir bien en León: "Sin dolor y con la conciencia tranquila"
El equipo de Atención Psicosocial del Hospital Monte San Isidro atendió en 2025 a 346 pacientes y 1.200 familiares de personas en cuidados paliativos

Inés Chacartegui y Montserrat Ramos, el equipo de Atención Psicosocial del Hospital Monte San Isidro de León.
Aceptar y prepararse para la muerte no empieza únicamente en la fase terminal de la vida. «En una sociedad tanatofóbica» donde la muerte no aparece en las conversaciones y enseñanzas desde la infancia, «hay personas que llegan al final de la vida con miedo». La trabajadora social Montserrat Ramos, la psicóloga Inés Chacartegui, en León, y la psicóloga Susana Marcos en Ponferrada, conforman en la provincia la Asociación para el Desarrollo de los Cuidados Paliativos y Tratamiento del Dolor (ACPD), un equipo de atención psicosocial que atendió en el 2025 a 346 pacientes terminales y 1.200 familiares de personas en cuidados paliativos.
Todos los pacientes a los que se da apoyo en León son personas con enfermedades oncológicas que reciben cuidados paliativos en el Hospital Monte San Isidro en horario de 08.00 a 15.00 horas. Montserrat e Inés acompañan en el proceso a enfermos, familiares y profesionales sanitarios «para que el final de la vida sea más liviano». Todos los días pasan por las habitaciones de cuidados paliativos y acuden a los domicilios de pacientes y familiares que lo necesitan. «No todas las personas tienen las mismas necesidades de atención y nosotras estamos ahí para acompañarles y ayudarles a atravesar ese momento tan duro. Hay pacientes y familiares que rechazan el acompañamiento, porque para ellos supone la aceptación y la confirmación de sus peores sospechas».
El programa para la atención integral a personas con enfermedades avanzadas tiene como objetivo contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas en situación de final de vida, mediante la atención a los aspectos emocionales, sociales y espirituales. «Morir bien es morir sin dolor y con la conciencia tranquila del legado que dejas, sentirse satisfecho con lo que se ha realizado, morir con dignidad, con todos los cuidados de confort hasta el final de la vida».
No hay ningún paciente igual, como tampoco es igual cómo los distintos miembros de la familia afrontan una pérdida. «Nos encontramos con muchos pacientes que se plantean el tiempo que han dedicado al trabajo, como obcecarse con el trabajo. Hay gente que se jubila y enferma, pero cuando se es consciente de que se está al final de la vida lo que nos dicen es que disfrutemos de la vida, que no dejemos de hacer cosas por trabajar. Mucha gente que muere sola se plantean las decisiones que les ha llevado a esa soledad». En esos últimos momentos, «a todos nos gustaría morir rodeados de los nuestros, cerrar etapas y asuntos pendientes, porque nadie sabe ni dónde ni cuándo le va a tocar».
La muerte es una realidad irremediable. El equipo de ACPD acompaña en todo el proceso a los pacientes y sus familaires en el Hospital Montse San Isidro y en el domicilio. «Vamos a acompañar, estamos formadas para ese proceso, pero a la vez aprendemos cada día a valorar la vida y a relativizar los problemas». Dar importancia a un beso, un abrazo, un café y sacar tiempo para mejorar la calidad de vida «y ser coherente contigo mismo, con lo que quieres».
La atención sanitaria se complementa con equipos profesionales que ofrecen intervención psicosocial y espiritual para conseguir que pacientes y familiares reciban una atención integral. «Los pacientes y sus familias nos abren las puertas de su casa, que son su templo, su refugio, y en los domicilios hay que adoptar una postura respetuosa y observar la casa, que te da muchas señales de si el cuidador está sobrepasado y necesita ayuda».
El duelo
El duelo tras la muerte de un familiar tampoco responde a una ecuación matemática. «Yo soy partidaria de trabajar el duelo antes de que se produzca el fallecimiento», asegura la psicóloga Inés Chacartegui. «Abordar un duelo en el proceso de negación es muy complicado, es mejor prepararse antes para el golpe que vendrá después. Y después no es el tanatorio y el funeral, es días después, cuando los ritmos de la vida y de la propia identidad cambian. Nosotras estamos en todas las etapas, cuando nos necesitan. Ese proceso puede durar hasta tres años o más».
El equipo cuenta con el apoyo de tres personas voluntarias. El contacto directo cada día con personas que están en el proceso de la muerte también deja huella en las profesionales, que utilizan el deporte y el la conversación entre ellas como terapia cuando lo necesitan. «Además, llevamos una vida plena fuera del trabajo, nos ayuda a desconectar». Aunque siempre hay casos que dejan poso. «Fue un chico de 25 años, que quiso despedirse de sus amigos y los reunió para hacer una celebración», recuerda Inés.
LOS RETOS DEL PROGRANA
Avalado por la OMS, complementa la actuación de la administración en el ámbito de los cuidados paliativos y la atención a las personas con enfermedades avanzadas que están en situación de cuidados paliativos. En España hay 77 equipos en los hospitales.
Cuidados paliativos
Más de 40 millones de personas necesitan cuidados paliativos en el mundo, según la OMS, pero solo 14 millones tienen acceso a estos cuidados. Las intervenciones van desde la atención psicosocial, espiritualidad, duelo, soporte a profesionales sanitarios en temas como la comunicación en situaciones difíciles y la gestión del estrés, y voluntariado, con la participación de los voluntarios y su integración en los equipos para acompañar y dar respuesta a las necesidades personales y sociales del enfermo y su familia. El programa comenzó en la provincia de León en el año 2023.