Diario de León
Publicado por
ANTONIO TROBAJO
León

Creado:

Actualizado:

HACE unos días un cura ha vuelto a ver reconocidos sus méritos por las fuerzas sociales, que se dice ahora (en tiempos, eran el «brazo secular»). En este caso, ha ocurrido en Ponferrada. El agraciado ha sido D. Antolín de Cela, rector de la Basílica de la Encina, profesor de Religión, y administrador del Hospital de la Reina. El homenaje le llegó de manos del Ayuntamiento ponferradino y consistió en la concesión del Premio Gil y Carrasco-Ciudad de Ponferrada en la modalidad de cultura. ¿Méritos? Muchos: la labor de la animación de la cultura ciudadana a lo largo de los últimos 29 años, concretada no sólo en su labor pastoral -que ya es mucho- sino también con la puesta en marcha y el sostenimiento de diversas iniciativas sociales y culturales, como la revista «Bierzo», el festival de música de Órgano, la actividad a través de algunas Fundaciones, el cuidado del Albergue de Peregrinos y de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago, el Hogar del Transeúnte, el impulso al Museo de las Cofradías, los esfuerzos por la recuperación del patrimonio histórico y artístico de la comarca y, en particular, de San Pedro de Montes y hasta el apoyo a quienes quieren traer a Ponferrada una Exposición de «Las Edades del Hombre». La entrega del Premio tuvo lugar en el Teatro Bérgidum; el Alcalde trazó una semblanza del premiado, que respondió reconociendo lo exiguo de sus méritos para tanto como queda por hacer; se visionó un vídeo sobre las distintas obras en las que tiene puesta la mano el homenajeado. La clausura del acto fue un concierto de la masa coral «Solera Berciana». Buenos acordes finales para una larga sinfonía de actividades pastorales, sociales y culturales. Que suenan requetebién en tiempos en que hay quien se empeña en descalificar todo aquello -o casi todo- en lo que están presentes y activos los clérigos y otros aproximados. Obispos incluidos. Y hablando de Obispos, otro tal que viste y calza es D. Nicolás Castellanos. Nació en Mansilla del Páramo, es fraile agustino, fue Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, es el principal impulsor de la Fundación Hombres Nuevos y fue Obispo de Palencia hasta el año 1992; desde entonces se ha entregado a una labor apostólica (de promoción integral, por si alguno quiere entender mal) en Bolivia, en la localidad interior de Santa Cruz de la Sierra. Ha estado por León para firmar un convenio con Caja España, por el que la Obra Social de la entidad financiera se va a comprometer en promover el programa «Encuentros Norte-Sur. Unidos por la Música», invirtiendo varios miles de euros, que han permitido que la orquesta de jóvenes músicos de la Fundación haya dado catorce conciertos en España y que se construya una Casa de Cultura en el barrio santacruceño de Toro-Toro. Los avispados chicos de la prensa aprovecharon la ocasión para acercarle la alcachofa y llevarle a terrenos conflictivos: la Teología de la liberación, el papa Benedicto XVI, la pobreza de Bolivia¿ y la situación española de disenso entre Gobierno y Jerarquía eclesiástica. Preguntado por qué le falta a la Iglesia española para tener la vitalidad de la hispanoamericana, respondió: «Creo que la Iglesia tiene que posicionarse desde una capacidad de acogida y, desde ahí, tiene mucho que aportar a este mundo insatisfecho, de puro consumismo, porque sus valores siguen siendo válidos». Y sobre el matrimonio de los homosexuales: «Un gobierno laico, como es el de España, tiene que legislar también para este grupo. En mi visión, eso nunca será matrimonio, que es entre hombre y mujer, pero, si tiene que legislar, que legisle. Por eso mi postura personal no es de enfrentamiento, sino de consenso, de diálogo, y de buscar juntos respuestas y salidas a esta problemática. Mi postura es de compasión, pero en el sentido latino, «sufrir con el otro», no una compasión lastimera¿ La Iglesia tiene que dejar claro que según su doctrina un matrimonio entre homosexuales no es matrimonio, pero no debe meterse a más¿ Que el Gobierno legisle para que civilmente puedan vivir, está bien; pero la Iglesia también puede opinar, porque estamos en democracia». Como se ve, no hay diferencia entre un lado y otro del charco. Gracias a Dios, el Evangelio es el mismo. Lo digo por si alguien se esperaba otra cosa. Pueden cambiar las sensibilidades y los acentos, pero se mantiene lo esencial que sólo puede tener como modelo la misericordia con que Dios mira al mundo. Luego, no nos queda más remedio que acercarnos al ser humano con entrañas maternales. Todos. Así sea.

tracking