Diario de León
Publicado por
Antonio Núñez
León

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SEBASTIÁN TIENE un plan. Nada menos que treinta y una medidas para reducir el consumo energético, a una diaria este mes de agosto. El ministro de Industria, Miguel Sebastián, no tiene un pelo de tonto, luce desde estudiante la calabaza monda y en ella alumbra ideas para Zapatero, la última de las cuales es regalar 350 millones de bombillas de bajo consumo a los hogares españoles o subvencionarlas en las próximas rebajas de Carrefour con el marketing ya conocido de «lleve dos y pague una, Gobierno de España». Apaga y vámonos. O que el último apague la luz. Salvo en las islas Feroe, buen bacalao, o en Islandia, cuya densidad de población es de un esquimal y tres focas por kilómetro cuadrado y todos funcionarios de la UE, políticas linguísticas como la española sólo se dan allí, aislados del resto del mundo, como están y como quieren estar aquí catalanes, vascos y ahora los gallegos. Sólo se entienden entre ellos y con las ballenas, ni siquiera con los colombianos del ballenato y la nieve blanca. Pero, por lo menos, respetan las leyes básicas de la economía globalizada y de ahí las prósperas exportaciones de medias bacaladas en la última Semana Santa o las del lenguado fletán por navidades. Aquí salvo alguna nécora pécora del PP gallego, el cava catalán -en Groenlandia pídalo a temperatura ambiente- y las angulas de Aguinaga, que ya no quedan, lo más que podemos exportar en el futuro son parados. Aunque, pensándolo bien, también podríamos deshacernos de algunas de las ideas del ministro Sebastián o, al menos, de un buen lote de ellas. Cómo se coticen en el extranjero es otra cuestión. Algunas son muy ocurrentes, como fabricar en España un millón de coches eléctricos, a pila o batería, de los que mi nene ya tiene uno, así que le avise ayer «ojo con el excalestrix, que tiene que durarnos otro año». En cuanto al transporte público con una quinta parte de biocarburantes en vez de gasolina, fue también lo que le dije a mi señora: «Compra una caja de Carbonell y olvídate de llenar el depósito de la gasofa, porqueas lo que va a subir el aceite». Otra que no tiene pérdida es la reducir en un 20% la velocidad de los accesos a las ciudades y, hombre, teniendo en cuenta los atascos de Michaisa, a cero por hora, a lo mejor lo que quieren es que, cuando vayamos a trabajar al polígono industrial de la Virgel del Camino ,es que volvamos de culo hasta el Portillo a veinte por hora porque otra explicación científica no cabe. Hombre, cabría otra posibilidad, según la ya susodicha mi señora, que no razona en los atascos, lo mismo que Sebastián en la crisis: «Seguro que tampoco él tiene carné de conducir, como tú», me dijeron. En la vida y en la jungla del asfalto, en fin, y en la vida soy un sin papeesl y sobre lo del otro supongo yo que lo prudente sería que la Guardia Civil le pidiera el carné de ministro. Como tampoco tengo coche oficial, lo que me sobra es autoridad moral para decir estas cosas y más. En cuanto a las bombillas regaladas para el ahorro energético, los coches a pilas o el uso de bicicletas para el transporte urbano son cosas del Sebastián, esa es otra, que pedalea como puede en el ministerio, porque, si lo deja, se cae. Las bicis son para el verano y no le falta razón en las recetas de lo del ahorro energético, pero España demanda soluciones más drásticas. Puestos a dar pedales con energía no estaría de más replantearse la energía nuclear, que ahora compramos en Francia a precios atómicos. Federico Martín Bahamontes, el primer español que ganó el Tour, empezó entrenándose en la pescadería de su padre subiendo en el transportín las cajas de chicharros desde el Tajo hasta las narices del general Moscardó. La cumbre no desmerece de la del Alpe D'Huez, si bien fuera menos chovinista. Y las cuestas de un servidor en septiembre y enero, con la desaceleración de la crisis tampoco son mancas, dicho sea por lo Induraín. En el tenis Manolo Santana y el alcalde de León, Paco Fernández, Raquetas de apodo cariñoso para los amigos, también empezaron de regogepelotas, el primero del señor marqués en Majadahonda y el otro del señorito del casino, que ahora apellida Zapatero, y no vea usted lo alto que han llegado. Lo mismo que Severiano Ballesteros en el dificil arte del golf, que los pobres llamamos canicas o guá, y que hizo un hoyo incluso en la familia Botín, el del Banco Santander, para el que todas las anchoas son pocas. Algunos somos tan desclasados, descastados y mal pensados que, mientras arreglaba un enchufe, el otro día le dije a la otra mitad paritaria de la casa, o sea a mi mujer: «¿Éste Sebastián no tendrá un cuñado que venda bombillas?». Porque o se le cruzan los cables al Gobierno en el BOE o a mí escribiendo. Para calambrazo éste.

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