| Crónica | La «plaga» del siglo XXI |
Alzhéimer, terremoto vital
Hoy se celebra el día de esta enfermedad, que «golpea el cerebro» de 600.000 españoles y «el corazón» de sus familias, que critican la falta de coordinación sociosanitaria
El Día Mundial del Alzhéimer llega este domingo 21 como Un reto compartido, el lema de la jornada para abordar esa enfermedad neurodegenerativa que, en palabras de la presidenta de la asociación AFAL Contigo, Blanca Clavijo, «golpea el cerebro del enfermo y el corazón de la familia». Un auténtico terremoto vital que aboca a la dependencia a 600.000 españoles (en 25 años pasarán del millón) y que exige a quienes los cuidan una gran dedicación (350 horas mensuales), sacrificio material (30.000 euros anuales) y un desgaste emocional que crece conforme la patología va restando memoria y orientación, causando depresión y agresividad y robando capacidad de hablar, comer, controlar esfínteres, reconocer a la gente cercana y expresar sentimientos. Como cada año en esta jornada, es tiempo de hacer balance científico, sanitario y social de los progresos en la lucha contra esa patología compleja y todavía incurable. Y así lo ha hecho el V Simposio sobre Avances en la Enfermedad de Alzhéimer celebrado el viernes en el Centro Alzhéimer de la Fundación Reina Sofía, donde el coordinador del encuentro Jesús Ávila constató el «aumento espectacular en diez años de investigadores y medios» para realizar su tarea, que está permitiendo pequeños pero importantes logros diagnósticos y progresivas esperanzas terapéuticas, aunque de momento sean solamente paliativas. «No sabemos cuándo se curará», remachó el experto. Lentos avances Ávila, también director del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, rebajó cualquier expectativa inmediata de tratamiento con células madre, que son «cosa de futuro». Pero dejó abierta de par en par la puerta de la esperanza. Primero, porque los hallazgos científicos no siguen una ruta fija, y lo mismo que muchas investigaciones exitosas en ratones se caen en los ensayos clínicos con humanos, también hay estudios que parecen estancados y de pronto dan un salto adelante. Y segundo, porque no faltan sorpresas positivas, como acaba de suceder con el antiguo antialérgico dimebón, diseñado por los soviéticos en plena guerra fría y que ha demostrado un doble efecto beneficioso frente al Alzhéimer, como inhibidor de la acetilcolinesterasa y como antagonista del receptor de glutamato. Esta capacidad de atacar a la vez varias dianas puede ser decisiva para atajar una enfermedad que actúa en muchos puntos del cerebro e implica a innumerables genes. Pero mientras tales expectativas se consolidan -los modelos en ratones reproducen la patología para intentar desarrollar fármacos modificadores que puedan revertirla-, el reto inmediato sigue siendo el diagnóstico. Adelantarlo cinco años supondría, recordó Clavijo, rebajar en la práctica en un 50% los casos de Alzhéimer, ya que facilitaría un tratamiento precoz que, aun siendo paliativo, permitiría estabilizar al paciente en la fase de «deterioro cognitivo leve» y retrasar la evolución neurodegenerativa.