Diario de León

JOSÉ LUIS DE LA CRUZ VIGO. Cirujano

«La cirugía de la obesidad tiene que ocupar un lugar preeminente para tratar la diabetes tipo 2»

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Ana Gaitero
León

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LEÓN

Nació en Madrid, se crió y estudió la carrera de medicina en Cádiz y luego se formó como cirujano en el madrileño Hospital 12 de Octubre. Pese a todos estos antecedentes, José de la Cruz Vigo es leonés hasta la médula. Hace casi cuarenta años, en 1980, llegó a la residencia Virgen Blanca con tan solo 29 años. Era el jefe de sección más joven de España. Tras una intensa etapa en la que combinó la sanidad pública y la privada, desde 2001 se dedica en exclusiva a la segunda. Pionero de la implantación de la cirugía laparoscópica en León, en 1991, es una referencia nacional en cirugía bariátrica. Desde 1999, suma más de 2.000 operadas de obesidad con esta técnica mínimante invasiva y está al frente de una Unidad de Cirugía Laparoscópica en HM Hospitales La Regla y San Francisco. Con largas y costosas sesiones de aprendizaje con animales ha sabido ir con los tiempos de la medicina moderna que se aleja de aquella vieja máxima de «a grandes cirujanos, grandes incisiones». «Eso es una gran mentira», afirma. Su equipo de quirófano y el deporte son dos de sus grandes aliados en esta carrera de éxito. El doctor De la Cruz acaba de participar en el maratón de Atenas, 42 kilómetros en siete horas. Más que una marca es un símbolo de cómo encara la vida y la profesión. Con constancia y resistencia. Ha tenido hasta 200 cirujanos de público mientras opera en el quirófano, donde siempre suena la música y reina el buen ambiente.

—¿Cómo se inicia la cirugía laparoscópica?

—Antes todo se operaba abriendo. Se decía que a grandes cirujanos, grandes incisiones. Pero eso es una gran mentira. La cirugía laparoscópia se realiza por primera vez en ginecología. Fue el francés Phillip Mouret el primero que la puso en práctica en 1987. Era una ligadura de trompas a una paciente joven que además tenía piedras en la vesícula. Fue la primera vez que se quitó por laparoscopia. Se enteraron otros médicos franceses y supuso una revolución cuando se presentó en el Congreso Americano de Cirugía en 1988.

—¿Cuándo la introduce usted?

—Me formé en el Centro de Cirugía Mínimamente Invasiva con Jesús Usón, un catedrático de Cirugía Veterinaria. Y empecé a operar por laparoscopia en 1991. Primero vesícula y hernia. Luego colon, bazo, esófago, cirugía suprarrenal y en 1999 la aplico a la cirugía de la obesidad o cirugía bariátrica (término que viene del griego ‘baros’, espeso).

—¿Lo probaron primero en animales?

—Sí, los primeros bypass gástricos los hicimos en cerdos. Pasé muchas horas en la Facultad de Veterinaria, primero con cerdos y luego con ovejas.

—¿Lleva la cuenta de las operaciones que ha realizado de cirugía bariátrica?

—Alrededor de 2.200 intervenciones de obesidad hechas por laparoscopia.

—¿Qué éxito han tenido?

—Tenemos un seguimiento de más de 500 pacientes. En una publicación que publicaremos próximamente aparecen 270 pacientes (11,5% del total) a los que hemos seguido durante más de 10 años. Han acudido el 67% de los casos, una cifra muy elevada pues en la cirugía de la obesidad el gran problema es que los pacientes acuden de diferentes sitios y no es fácil seguir a más del 25%. El by pass gástrico es el único método para tratar la obesidad que además de hacer pérdida de peso se mantiene a lo largo del tiempo.

—¿La dieta y el ejercicio no son eficaces?

—La dieta y el ejercicio tienen un resultado muy limitado porque la obesidad es una enfermedad crónica. Con estos métodos, se produce el efecto yo-yo, se baja, se sube, se baja y se vuelve a subir de peso. En cuanto a las pastillas, no las hay eficaces, con excepción de las anfetaminas. Los métodos no invasivos se usan en sobrepeso u obesidades leves con efectos poco satisfactorios. Pero cuando el índice de masa corporal es de más de 40 estamos ante casos de obesidad mórbida. Personas a las que les sobran entre 35 y 40 kilos, con una probabilidad de controlarse por dieta del 2%.

—Dentro de los métodos mínimamente invasivos, ¿qué diferencias sustanciales existen?

—Hay dos tipos. En el primero tenemos los que se hacen con técnicas endoscópicas interviniendo por la boca, como son el balón intragástrico, Apollo... Hacen perder peso, pero ninguno mantiene la pérdida de peso a medio plazo. Son un engaño. La reducción de estómago sin cirugía es un anuncio falso. En el segundo tenemos los métodos mínimamente invasivos quirúrgicos. Hay seis, pero solo sirven dos, que son la gastrectomía vertical o manga gástrica y el by pass gástrico, que es la que hacemos. Esta operación se empezó en 1967. En principio con cirugía convencional. Es la que más se ha hecho en el mundo a lo largo de la historia. Es muy segura y el resultado es a largo plazo.

—¿En qué consiste?

—Se trata de reducir el estómago para que se coma menos. Se cambia el circuito del intestino para que absorba menos la comida. Es eficaz y segura. La gran novedad se produce en 2007 en el primer congreso de Cirugía y Diabetes. En las décadas de los 80 y 90 no nos habíamos dado cuenta de que la cirugía es el mejor tratamiento para la diabetes tipo 2.

—¿Quiere decir que frenando la obesidad se palían sus enfermedades asociadas?

—La hipertensión, el aumento del colesterol, la diabetes, la apnea o problemas de sueño son enferemdades asociadas a la obesidad. A alrededor del 80% de sujetos le desaparecen con la cirugía de la obesidad. Fue en ese congreso de 2007 en el que se introduce el nuevo concepto de cirugía de la obesidad y metabólica, al verse como una forma de controlar la diabetes. En el congreso de la Diabetes de 2015 celebrado en Londres las asociaciones de Diabetólogos Americanos, de Europa y también la sociedad española reconocen que la cirugía tiene que ocupar un lugar no secundario, sino preeminente en el tratamiento de la diabetes tipo 2. Y la opinión unánime es que la mejor cirugía en cuanto a riesgo-beneficio es el by pass gástrico.

—¿Quiere decir que no es una operación de lujo o meramente estética?

—La obesidad es reconocida como enfermedad crónica por la OMS en 1985. Desde 1979 la Clasificación Internacional de Enfermedades señala que es una patología con efectos adversos en la salud y en la duración de la vida. Es la primera causa de muerte evitable en el mundo occidental y sabemos que el 8,5% de las muertes en España se deben a la obesidad. Afecta al 13% de los varones y al 18% de las mujeres y supone el 7% del gasto sanitario. Estamos hablando de más de 2.000 millones de euros en España y 117.000 millones de dólares en Estados Unidos. La obesidad acorta la expectativa de vida entre 10 y 12 años. La posibilidad de muerte es seis veces mayor y el 20% de los tumores femeninos (mama, útero...) y el 14% de los masculinos (próstata, páncreas) están relacionados con la obesidad.

—¿Qué riesgos tiene el by pass gástrico?

—Se saca un trozo de estómago pequeño por donde irá la comida y se empalma a un trozo del intestino. El estómago grande se usa para los jugos. Es una operación que se realiza en unas dos horas y el riesgo es muy bajo. La mortalidad está por debajo del 1 por mil, cuando es del 4 por mil en apendictectomía, del 3 por mil en prótesis de rodilla.

—¿Qué significa para usted esta especialización?

—Fuimos los segundos en España en hacer by pass gástrico por laparoscopia y los primeros con buenos resultados. Hemos hecho cursos y operado en directo en sala con 200 o 300 cirujanos. Todas las operaciones de by pass gástrico deben hacerse por laparoscopia. Solo he hecho una a cirugía abierta. La mortalidad bajó tres veces.

—¿Cuánto peso se pierde?

—El 80% a los dos años.

—¿No puede hacerse con voluntad sin operar?

—El gran problema de los pacientes que no consiguen adelgazar lo suficiente con dieta es que cada intento que hacen es una frustración más. La familia le dice que no tiene voluntad, el endocrino le riñe. La posibilidad de controlarse por dieta es muy escasa.

—¿Está incluida en la Seguridad Social?

—Sí, pero el promedio de espera es de 2,5 a tres años. La operación de obesidad no computa en las listas de espera.

—¿A qué se debe?

—En España ha habido poca preparación y la prioridad de los hospitales es el cáncer. A la obesidad no se le ha dado la importancia que se merece.

—¿Cuál es su reto ahora?

—Ahora mismo no hay grandes novedades en cirugía de la obesidad. Pero vamos a empezar a recuperar a personas mal operadas.

—¿A qué se refiere?

—En los años 90 se produjo el boom de la banda gástrica ajustable. Se decía que pinchando un poco de suero se comía menos. Se metieron en este tema muchos cirujanos que no eran especialistas en obesidad y fue la cirugía que más se hizo en Europa. En Estados Unidos la FDA no la deja entrar hasta 2001, año en que las compañías apoyan la banda porque allí lo que más cuesta es el minuto de quirófano. La banda es una operación fácil y rápida y pasó a ser la primera hasta ocupar el 50-55% de las intervenciones. Ahora está en el 3% en Estados Unidos y va bajando y el 4% en Europa. Es un mal procedimiento y hay que retirar aproximademente el 60%.

—Es un perjuicio grande para las personas afectadas.

—Ya hay algún famoso que se lo va a quitar. El problema es que en obesidad la gente se cree todo. Pero lo que dice que algo vale o no es el tiempo. Cinco años mínimo. El tiempo pone las cosas en su sitio. Así que recibiremos a pacientes que vendrán a operarse por primera vez y pacientes para reoperación.

—¿Sería mejor prevenir la obesidad, no cree?

—La obesidad tiene una base genética en la que están involucrados varios genes, no es unigénica. De tal manera que en dos hermanos es posible que haya uno obeso y otro flaco y el que más coma sea el segundo. Los genes no se expresan siempre igual y a veces se expresan por factores ambientales. Es la epigenética. Comer dulce, beber y no hacer ejercicio activan determinados genes. Son los genes ahorradores de energía. Las personas gorditas gastan menos quelas flacas y éstas son menos eficaces desde el punto de vista termodinámico. Estos genes están ahí porque en los principios de la humanidad el ser humano se pasaba dos o tres días corriendo para conseguir 40.000 calorías y desarrolló genes ahorradores para consumir menos. Ahora esas calorías están en la nevera y evolutivamente no estamos preparados.

—¿La Unidad de Cirugía Laparoscópica es más que obesidad?

—Claro, hacemos muchas más cosas. Son más de 6.000 operaciones en mi vida profesional.Ver a un niño comer un tazón de colacao a las pocas horas de ser operado del bazo es impresionante. Y al no llevar heridas no llevan dolor.

—¿Su principal valor?

—La experiencia y el equipo. Hay que tener un equipo y nosotros somos el mismo equipo desde el principio. Son dos horas en el quirófano de mucha intensidad.

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