El 'vasco' de León. 75 años de la evacuación del vapor Habana
«Vinimos para tres meses y nos quedamos»
Hace 75 años el leonés Paco Robles fue evacuado de Bilbao a Inglaterra con casi 4.000 niños vascos. «En León me llaman ‘el inglés’ y aquí soy un ‘onion spanish’ (cebolla española). No lo he pasado mal, pero perdí la identidad», asegura uno de los ‘niños de la guerra’ que salieron de Santurce el 20 de mayo de 1937 con la promesa de que volverían en tres meses

Francisco Robles, a punto de cumplir 86 años.
«Nos llaman niños de la guerra, pero somos ochentenos y bisabuelos». Francisco Robles nació en León el 25 de junio de 1926. Fue bautizado en la Catedral. Pero a los tres años ya corría por las calles de Baracaldo. A su padre, Germiniano Robles, le ofrecieron un trabajo en el departamento de Química en los altos hornos y emigró a Vizcaya con toda la familia. Fue en vísperas de la proclamación de la II República. Pronto llegó la guerra civil y varios generales, entre ellos Franco, se sublevaron contra el régimen democrático.
«En el año 36 en Bilbao caían bombas, muchas bombas y había hambre», cuenta Paco Robles desde su residencia de Londres. «Un día mi padre vino con dos gatos y dijo que eran liebres. Nos los comimos y estaban muy ricos». Las bombas seguían atronando todos los días. La Legión Cóndor, una misión secreta de los nazis en España, bombardeba el frente norte. La tarde del 26 de abril de 1937 «empezamos a ver mucho humo por la parte de Guernica».
Lejos de las bombas
«Morían tantos niños que creo que fue La Pasionaria quien sugirió que había que evacuarlos», añade. Así cambió para siempre la vida de Paco Robles. «La opinión pública quedó escandalizada con el bombardeo de Guernica, pues era la primera vez que se bombardeaba a una población civil. El gobierno vasco apeló a las naciones extranjeras para que diesen asilo temporal a los niños, pero el gobierno británico se adhirió a su política de no-intervención», relata la asociación Basque Children 37 (BC37) de Inglaterra.
El 20 de mayo de 1937 el vapor Habana zarpó desde Santurce con cerca de 4.000 niñas y niños rumbo a la costa inglesa. En el puerto, las madres besaban a sus hijos e hijas y les decían: «Sólo serán tres meses». El vapor sólo tenía capacidad para 800 pasajeros, así que las condiciones del viaje fueron muy duras. La Duquesa de Atholl, Presidenta del Comité Nacional Unificado de Ayuda a España ( National Joint Committee for Spanish Relief ), dirigió la campaña de presión al gobierno para que aceptase a los niños exiliados.
Los ‘vascos’ leoneses
Entre los niños vascos había al menos dos leoneses. Paco Robles y su hermana María Jesús, que también vive en Inglaterra, en Bristol. El hermano pequeño, Pedro Luis, se quedó en Baracaldo con la madre mientras el padre estaba en el frente. Con cinco años, no tenía la edad suficiente para la evacuación. «Me llaman el vasco y siempre digo que estuve en Vasconia pero soy leonés. Y conozco más León que Bilbao y Baracaldo. Mi primo me llevó a los Picos. Qué bonito», comenta emocionado. Después de 75 años se siente desarraigado: «En León me llaman el inglés y aquí soy un onion spanish (cebolla española). No lo he pasado mal, pero he perdido mi identidad», dice con naturalidad.
Las criaturas no tenían conciencia de lo que sucedía y menos después de que en el barco algunas probaran el pan blanco por primera vez en mucho tiempo. «Nos dieron también tartas y mermeladas y llegamos todos con el vientre estropeado», recuerda Francisco Robles. Por la noche «nos dimos cuenta de que no estábamos en casa».
«Vinimos para tres meses y algunos nos quedamos toda la vida», apunta. El 23 de mayo arribaron a Southampton. «Las calles estaban llenas de banderas, creíamos que era por nosotros, para darnos la bienvenida». En realidad, las calles engalanadas recordaban los fastos de la coronación de Jorge VI, que había sido una semana antes.
El 75 aniversario de la llegada de los niños vascos a Southampton coincide con otra celebración de la corona inglesa. «Ahora están con las ceremonias de los 60 años del reinado de Isabel II», apunta Robles. A aquellas criaturas no les alojaron en palacios. Les prepararon 400 tiendas de campaña en las que vivieron dos o tres meses hasta que fueron reubicándolos en colonias.
«No vengas a España»
Paco Robles tenía once años cuando llegó a Inglaterra y pasó por seis colonias. A los 13 años fue acogido por una familia en Birmingham. Una experiencia de la que guarda mal sabor: «En esta casa me dijeron que sería como un hijo y me explotaron como un esclavo: atendía los invernaderos y ordeñaba diez litros de leche cada mañana antes de ir a la escuela», lamenta.
Le pidió al comité volver a las colonias y le acogieron en Margait. La guerra española había terminado y comenzó la II Guerra Mundial. «Si quieres nos vamos de vuelta», escribió a su madre cuando acabó la guerra civil y empezaron las repatriaciones. Su madre le respondió: «No, que lo estamos pasando muy mal. A mi padre lo habían encarcelado en Burgos. En Bilbao los fascistones nos quitaron la casa y mi madre tuvo que volver a Mansilla de las Mulas con el abuelo, que tenía casas y viñas. Recuerdo que de pequeño siempre íbamos a Mansilla a vendimiar», relata.
Algo más del 10% de los basque children —niños vascos— permanecieron en Inglaterra. «Para principios de la Segunda Guerra Mundial en 1939, la mayoría de los niños había regresado a España, aunque para algunos de ellos esto supusiera una experiencia terrible. Algunos no hablaban español, otros habían olvidado a sus padres. No podían acostumbrarse a las restricciones existentes en España», comenta la BC37.
Al finalizar la II Guerra Mundial aún quedaban 250 de aquellos críos evacuados en 1937 del puerto de Santurce. Para entonces, Paco Robles ya tenía 19 años. Volvió a escribir a su madre. «Me dijo que mi padre había estado en un campo de concentración en Salamanca y que estaban haciendo fideos bajo cuerda para sobrevivir. Había mucho estraperlo. Ellos tenían que pagar a dos guardias civiles para poder hacerlo», cuenta.
En 1949 se casó con una andaluza de La Línea de la Concepción que había llegado a Inglaterra en 1941 con un contingente de 12.000 gibraltareños. «Eran españoles que entraban a trabajar en Gibraltar y se registraron allí. Hasta que Franco cerró la frontera», explica.
Durante la guerra mundial, Robles trabajó con el ejército aliado. «Nos hicimos voluntarios para ir a los comandos y fui cargo de un almacén», agrega en un relato en el que intercala sus experiencias pasadas con el presente.
No volvió a ver a sus padres hasta 1954. «Estuvimos clasificados como prófugos porque no nos presentamos a las quintas. Mi padre escribió al capitán general de León pidiendo el indulto para poder ir a España. «Fui por ver cómo estaba la cosa». Los modos de la dictadura no le convencieron. Con la democracia conoció España gracias a los viajes del Imserso.
«Viajé mucho con mi esposa que, ahora, lamentablemente tiene la enfermedad de alzhéimer. Es una enfermedad criminal. Una mujer que siempre estaba cantando, cosiendo y cocinando. Me he quedado muy solo». La visita a diario en una residencia y dos días por semana acude al Centro de Personas Mayores Miguel de Cervantes, en Candem Town. En Inglaterra tiene dos hijas y en Alicante un hijo.