TRIBUNA
León es un cementerio
León salió y sale a la calle muchas veces. La última está caliente para clamar, gritar, vociferar, pedir justicia por tanta traición, robo, atraco a mano armada. La bandera granate con su león rampante se iza al viento y miles de colores inundan las calles de esta ciudad bimilenaria. Puede ser que solo nos quede el estandarte.
Se clama por nuestra autonomía, por separarnos de Castilla, porque nos restituyan el reino que nos robaron. Pero, sobre todo, el rugido por el clamor de una provincia, de una ciudad que se muere, que está en la agonía y se prevé el desenlace. Se han constituido mesas, sillas, manteles, se han colocado los platos, muchos platos y utensilios y botellas para catar los vinos y se han sentado los comensales y después la digestión y la siesta y, al día siguiente, queda el recuerdo. La buena mesa, el sabor de las viandas, el buen cabrito, la merluza, el congrio al ajo arriero, la lubina, el entrecot a la piedra, el postre Molotov: flan, frutas escarchadas, crema pastelera y después el café, el chupito, el wiski, el cubata y en el alfoz, el cohíbas, el montecristo y, al final, el catre para descansar y dormir plácidamente a pierna suelta y, al día siguiente, pensando en la próxima mesa para programar, un desarrollo para una provincia, León, antiguo Reino, precursor de una democracia, pionero de unos derechos, emblema y representación de un camino que cruza una tierra y llega al antiguo reino de Galicia, también dependiente del reino de León para ganar un jubileo allá por tierras del apóstol Santiago. Aquel ermitaño Pelayo debió ser un visionario. Qué gran negoció emprendió y todo por una estrella. Yo no sé si el apóstol descansa en la ciudad que lleva su nombre. Lo único que sé que Pelayo y Teodomiro pusieron a Santiago y Galicia en el mundo. Han generado una industria anual de más de trescientos mil clientes. Volviendo a la mesa. Mi ironía sobre la mesa no deja de ser una parodia sin ofensa. Es el grito de la desesperación y del esperpento. No discuto las buenas intenciones. Pero, se queda en eso. Todo lo que se intente no puede ser criticable. Apoyo todo lo que hagan los agentes sindicales y la Asociaciones empresariales. No dudamos de sus buenas intenciones porque la decadencia de León afecta a todos los colectivos. Solo manifiesto una desesperación y como se suele decir, me río por no llorar. Prefiero vivir en la comedia que no en la tragedia. Por desgracia, los resultados ni se ven ni se verán. León, he dicho en otra ocasión, perdió el tren porque ya no hay pasajeros. Cerca de 200.000 personas, exactamente 199.649, que nacieron en León viven fuera de su territorio, según el Instituto Nacional de Estadística. Una de cada tres personas en la provincia ha emigrado. Hoy León tiene 447. 202 habitantes. Si aquella Fasa, que tenía destino León, se hubiera ubicado en estas tierras, hoy, León rondaría los 800.000 mil habitantes. Sí, fue un sueño que unos dementes truncaron y hubiera sido realidad. León pudo ser un oasis con la Fasa, lo he dicho en otro artículo. Los políticos de entonces pusieron todos los palos en la rueda para que no fuera posible. De todos aquellos traidores a León no queda nadie solo queda el lamento y cuando se traiciona el amor a una tierra esta se convierte en desierto porque ya no habrá lagrimas para lamentarse por tanta ignominia. Se destruyeron las cuencas mineras. Nos gustaría saber cuántos miles de millones de euros se proyectaron para rehabilitar las zonas mineras y cuantos llegaron a ser una realidad. Tengo en mi mente las múltiples reuniones habidas en el Ayuntamiento de Villagatón para proyectos empresariales frente al fin del carbón ¿para qué? Para nada. Se tiraron millones de euros en proyectos fallidos. Tierras que se regaron con mucha riqueza y con el sudor de muchos mineros y hoy, son lamentos. Pueblos en abandono. Las persianas cerradas, las calles desiertas, sin niños. Solo, de vez en cuando, se ve a alguien apoyado en su cayada, mirando a la lontananza, para recordar tiempos pasados y lamentar el tiempo presente. ¿Quién tiene la culpa de esta destrucción, de esta soledad, de que esta provincia que en sus entrañas anida una inmensa riqueza y en sus calles anide lamentos y pobreza? La culpa es de los políticos. El político no crea empresas, pero los políticos son los que tienen la fuerza y el poder para empujar proyectos. Pero, en esta provincia no ha habido políticos, ni los hay. Solo ha habido y hay ganapanes y troleros. Llegadas las elecciones, vienen a vender sus productos que no existen que nos están engañando solo y exclusivamente para ver si los votan. Mucha culpa tenemos los leoneses. Somos cómplices y cooperadores de esta miseria provincial. Yo me pregunto, ¿cuándo se asiste a un mitin los espectadores a qué van? Pero, qué esperan todos esos que aplauden y vitorean al engañifla. Esta sociedad está llena de mercaderes y de feriantes a los que escuchamos sabiendo que nos van a dar gato por liebre. La culpa la tenemos nosotros los leoneses que nos dejamos engañar por filibusteros. Por tanto, no nos quejemos. Tenemos lo que merecemos. ¡Qué desgracia de provincia! Los leoneses, que triunfamos fuera y, en casa, somos unos mendrugos en manos de feriantes de plaza. ¿Me pregunto, tiene futuro León? No. ¿Se va a planificar alguna industria en León? No. ¿Los políticos van a hacer algo por León? No. Solo cabe una solución a la griega, el ostracismo, el destierro al que se condenaba a los ciudadanos que se consideraban malos o muy malos para la soberanía popular. Aunque, en algunos casos, expresaban claramente la ira popular. En León y provincia se han registrado en 2023, 6.000 defunciones y 2.132 nacimientos. Mi título es morboso y tétrico, pero no puedo finalizar con optimismo. Esta provincia no tiene futuro y los que quieran hacer números que averigüen cuando León desparecerá. Esta es la realidad. Los historiadores del futuro pueden ser que saquen alguna conclusión y voy a ser futurista. Puede ser que digan que allá en el norte de España había una provincia muy rica, por nombre León, con muchas materias primas: minería, agricultura, ganadería; tres mil kilómetros de ríos, grandes masas forestales y para qué tanta riqueza si nos espera la miseria y pobreza. Insisto está provincia se muere. No tenemos más que observar cualquier día del año las mañanas desiertas de sus calles, de sus barrios. Los pueblos están el silencio. No hay zona donde no haya soledad. Invito a todos los políticos que acudan en invierno a la montaña de León y se encontrarán que no tiene ni fonda ni posada. Los arqueólogos dentro de no sé cuántos siglos descubrirán que los restos que se encontraron después de las Legio VI o VII son las ruinas de una ciudad que se llamaba León. Jugar a ser profeta es muy atrevido, pero de verdad me fluye el pesimismo. No tengo motivos para el optimismo, observando la velocidad a la que pasa el tren y para ser tétrico, pesimista y morboso, lo único que vemos es paseos sin regreso hacia los cementerios.