CORNADA DE LOBO
Mujer que tienta
Y egua que llene las piernas, gallina que llene las manos... y mujer que llene los brazos .
Lo receta el refranero.
Talla grande, ande o no ande.
Y que vuelva Maricrú a estampar en escaparates de ropa su célebre pintada: La talla 38 me aprieta el chocho .
Regresa en ciclo rutinario el canon femenino de cierta redondez; no gorda, rellenita. Tiempos de prosperidad piden mujer galga; tiempos de hambre y crisis eligen ubre. Antigua manía.
Así las cosas, ¿depende la mujer de la Bolsa?, pues según vayan las fluctuaciones del mercado, así habrá de poner lorza o mortificarse en un gimnasio o ante un plato con comida de grillos para acomodarse a la tendencia de cada momento. No es plan.
La dictadura de la báscula oprime el alma de la desconcertada mujer que redondea por naturaleza... o adelgaza de autoestima al ojear una revista de moda en la que no se aprecia que la crisis aliente la exuberancia que dicen; al contrario, la galga sigue mandando.
Y si acude a la iglesia para rogar un milagro que las dietas no le proporcionan, ahí se enfrentará al viejo prejuicio católico que contempla a la mujer como fuente de tentación e incitación al mal, algo que ahora el papa Francisco exige abolir redimiéndola de ese estigma que durante siglos vino definiéndola como aliada del diablo para arrastrar al hombre a su ruina y perdición, tal cual hizo Eva ya en el principio. Lo recordaba en 1876 el autor del manual de confesores Llave de Oro , Antonio María de Claret, canonizado pese a su lío con Isabel II; ahí aconseja distancia con las mujeres; y distingue tres tipos de masturbación femenina, algo que el feminismo y la sexología tardarían un siglo en descubrir, qué lince.
Este papa, al fin, ve a la mujer al revés: es quien redime al hombre y sustenta su ser familiar/social (si le da tiempo, las hará diáconas); entierra prejuicios; pero poco caso le hará este tiempo y su publicidad, que seguirá usando a la mujer (estupenda) para el papel de tentar y vender más coches o milagros (con Donald Trump funciona ese guiño). Es más, el dinero y la moda conminan a la mujer a su papel de tentadora. Y muchas, encantadas.