Diario de León
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FEDERICO ABASCAL
León

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A VECES un error gravísimo se convierte en un gravísimo acierto. Al fin se divorció Maragall de Carod-Rovira, contra la voluntad de éste, y a partir de ahora, y hasta las nuevas elecciones autonómicas, Cataluña tendrá un gobierno minoritario cuya estabilidad queda en manos de CiU. El líder convergente Artur Mas se comprometió ayer a respetar hasta el 18 de junio la insuficiencia parlamentaria del ejecutivo resultante de la expulsión de los seis consejeros de ERC. En esa fecha se celebrará el referéndum estatutario. Maragall vivirá en la cuerda floja hasta esa fecha, y en campaña electoral desde esa fecha hasta el día de elecciones. De CiU depende que la llamada a las urnas no se retrase más allá del otoño. Si se exceptúa a ERC, que verá cómo, junto a sus seis consejeros, más doscientos de sus altos cargos ingresan en el paro político, la consumación de este divorcio institucional se ha recibido con agrado. Resultaba penosa la convivencia en el mismo gabinete ministerial entre quienes van a votar sí al 'estatut' y el partido que, dominado por sus bases, va a predicar el no. Como los niños excesivamente mimados, ERC ha creído que si pedía la luna, Maragall estaba obligado a entregársela. Llega un día, sin embargo, en el que al niño se le manda a la cama sin postre, es decir, sin consejerías ni doscientos alto cargos. El PP ha visto en la ruptura del gobierno tripartito una oportunidad excelente para que se aparque el 'estatut', se celebren elecciones autonómicas en las que puedan expresarse los ciudadanos de Cataluña, y el nuevo gobierno y el nuevo parlamento decidan después qué hacer con el estatuto. Es la tesis de Acebes: partir de cero. Pero ninguna otra fuerza política comparte este criterio 'popular'. Para Cataluña, lo importante ahora, lo único importante es el referéndum. Y luego, si logra recuperarse en la Generalitat el ejercicio del 'seny' desaparecido en los terremotos provocados por ERC, las diversas lecturas sobre lo que el resultado de la consulta inspire. Medios del PSOE, partidarios de expulsar de la Generalitat a ERC, sugieren que el presidente Zapatero temía que esta ruptura radicalizase la postura antiestatutaria del independentismo republicano. Y es posible que así suceda, pero esa radicalización, supuesta, se vería siempre compensada con creces por la coherencia que ha recuperado la Generalitat. Carod-Rovira decía ayer que había dicho al president, por decirlo con una expresión popular, que «será peor el remedio que la enfermedad». Se ha roto en Cataluña, según Carod-Rovira, la primera experiencia de un Gobierno de izquierdas y catalanistas desde 1939, y el futuro dirá, vino a decir, si podría intentarse de nuevo, aunque no en estas condiciones.

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