ENTREVISTA EN EXCLUSIVA
Jesús Calleja ya está en su casa de León y da la primera entrevista tras su misión espacial: «Soy un explorador como lo fue Colón hace cinco siglos»
El aventurero defiende la carrera espacial como «un salvavidas» para el cambio climático y la superpoblación

Jesús Calleja en una imagen durante su viaje espacial.
«El espacio es de un negro envolvente abrumador y el planeta es de un azul fosforito, de una intensidad que no existe ese color en la Tierra». Jesús Calleja regresó este viernes a León tras su viaje al espacio empapado con la intensa experiencia de los 11 minutos que duró el trayecto de 105.000 metros desde el oeste de Texas por encima de la línea de Kàrmán.
Su cuerpo y su mente aún están aterrizando del viaje supersónico, que se aceleró de 0 a 4.000 kilómetros hora en apenas cinco segundos. Treinta horas sin dormir, la voz un poco ronca y la emoción (y la convicción) en cada palabra han seguido a la experiencia de Espacio Calleja que han convertido al aventurero leonés en el tercer español en viajar al espacio, el primero no astronauta y el primero en hacer televisión fuera de la atmósfera. «En eso sí que nos adelantamos a los americanos», apostilla.
Y es que la misión espacial de Calleja trasciende la experiencia personal de un turista en el espacio. El programa Espacio Calleja, con dos capítulos emitidos en Amazon Prime, se ha visto en 201 países gracias a la alianza con Mediaset, el grupo televisivo para el que trabaja con su productora Zanskar. Pronto llegarán los dos que faltan con las imágenes grabadas durante el vuelo espacial.
«Yo, que hago submarinismo, y sé que los colores más intensos del planeta están debajo del agua, no había visto en mi vida nada con la potencia de luz que tiene el planeta desde fuera», asegura.
Un color nuevo, «muy bestia», para la vista humana que tiene una explicación. «Golpea tanta luz contra de la Tierra que, evidentemente, al no tener atmósfera, ves un color que no puede existir nunca en el planeta, porque aquí lo cubre una atmósfera».
Contemplar la esferidad de la Tierra y lo finita que es la línea de la atmósfera, «como si estuviera envuelta por un gel», son otras de las impresiones extraordinarias que cuenta a borbotones, entre el jet lag del avión interoceánico y el impacto de la ingravidez durante los tres minutos y medio que la nave New Shepard (Nuevo Pastor), de la compañía Blue Origin, del multimillonario Jeff Bezos.
Viajar al espacio es caro —se habla de 1,25 millones de dólares por billete—, pero no es cómodo. Calleja da fe: «Hubo un momento que pensé que estábamos cayendo un picado y en realidad lo que estaba pasando es que estaba tan alucinado mirando por la ventana que me he girado entero y no me he enterado».
Durante los tres minutos y medio que permanecieron en la ingravidez, estuvo «casi todo el rato boca abajo» y «pensaba que estábamos entrando de cabeza; se lo dije al compañero que tenía delante: «Algo va mal, vamos en picado" y me respondió: «Eres tú que estás al revés, pero está todo correcto». Y es que nada de lo que vivió era normal. «Meterte en una nave espacial con esas ondas, tienes que asumir que cualquier cosa puede ocurrir; es una bestialidad, vasmás rápido que una bala. Es una locura».
El leonés es uno de los «nuevos pastores» de la carrera espacial y hace una defensa férrea de estos viajes turísticos frente a las críticas que ha leído tras su aterrizaje. «Con ese dinero se hace ciencia», recalca. «En el proyecto Apolo, se gastó una cantidad ingente de dinero porque había una tensión geopolítica, con Rusia, era la Guerra Fría y entonces era cuestión de Estado. Eso ya no existe. Ahora no se puede gastar esas cifras de dinero. No hay capacidad económica. Y es la empresa privada la que está tirando del carro», añade.
Jesús Calleja lo tiene claro. «Necesitamos varios salvavidas para revertir el cambio climático y lo más importante, cada vez somos más millones de habitantes y hay más tensiones geopolíticas porque necesitamos más materiales, y probablemente que vayamos a por ellos fuera sea nuestra salvación». «Ahora estamos viendo —reflexiona— que probablemente la guerra de Ucrania se debe a estas tierras raras».
«Somos pioneros», señala al enfatizar el avance que aportarán a la ciencia los resultados de los sensores que llevaban acoplados. Los cuerpos de los seis pasajeros (cinco con nombre conocido y uno anónimo) son una fuente de datos sobre su reacción al estrés y a la ingravidez.
«Han conseguido que una nave se vaya al espacio con un entrenamiento de tres días. Antes, eran años preparación, pero la tecnología avanza a esos niveles, en una carrera completamente presurizada y vamos con un mono de vuelo normal, sin trajes espaciales, sin nada. Fíjate a qué velocidad está evolucionando», comenta.
Apenas una decena de viajes como el del martes 25 de febrero de 2025 se han realizado con pasajeros. Calleja, que va a cumplir veinte años de su primera gran hazaña al coronar el Everest, el 30 de mayo de 2005, después de fajarse en aventuras como atravesar el río Zánskar o hacer cima en el Cho-Oyu, su primer ochomil, se reivindica como parte de la estirpe de los exploradores.
«Soy un aventurero, me encanta explorar. En épocas pasadas, hace cinco siglos, cuando descubrimos América, fue fruto de la casualidad por la inquietud de un explorador llamado Colón, que pensaba que la Tierra era esférica y encontraría un camino más corto para ir en busca de la Ruta de las Especias. Esa exploración es la que nos abre las vías del conocimiento y el avance de la humanidad. Así que, mi defensa está ultranza en los programas espaciales», remarca.
Lector empedernido, una de sus aficiones menos mediáticas, y muy aficionado a los libros de ciencia —ahora está deslumbrado con la física cuántica— marca distancias con los astronautas profesionales, como Pablo Álvarez y Sara García, con los que habla a menudo y tiene una buena relación personal. «Yo no les puedo dar consejos. Son ellos los que me aconsejan», dice. Y añade: «Estoy absolutamente seguro de que, a la velocidad que va la carrera espacial, Pablo y Sara pisarán la Luna».
Calleja apenas pasará unas horas con la familia porque este mismo sábado regresa a Madrid. La promoción de Calleja Espacio le absorberá aunque habrá huecos para volver al Molino Calleja de Fresno de la Vega, lugar donde soñó con ser astronauta que en su imaginación infantil fue su primera nave espacial. Agradecido y emocionado por el calor del pueblo, que le acompañó en su aventura espacial, «es mi pueblo, aunque nací en León me crie allí», regresará no tardando mucho para recoger la maleta espacial que le prepararon en la escuela. Y puede que algo más.