La reconversión varietal y los bajos precios dejan al lúpulo «herido de muerte»
En la provincia cerca de 200 agricultores cultivan esta planta trepadora en una superficie de 516 hectáreas. Asaja denuncia que la situación lleva a los jóvenes a abandonar el sector «desilusionados»

Una tierra de lúpulo en una localidad del Órbigo, donde la planta trepadora tiene una gran tradición.
Es uno de los cultivos importantes de la provincia por su tradicional relación con la tierra y también clave para los cerca de 200 agricultores leoneses que se dedican a él. Sin embargo, el oro verde no atraviesa su mejor momento.
Los precios bajos que sufre el grueso de la agricultura no pasa de largo por el lúpulo, a lo que se une el proceso de reconversión varietal en el que está sumido por imposición de la comercializadora Hospteiner.
Estas circunstancias le han dejado «herido de muerte», según el presidente de Asaja León, Arsenio García, para quien el origen del problema es un poco de todos. «Algunos por dejadez y otros por miedo, lo cierto es que no hemos sabido defenderlo», argumenta.
En la provincia no hay ningún otro cultivo sometido al monopolio como el lúpulo. La comercializadora impone las variedades y los precios a los lupuleros y, tal y como explica García, es un «esto es lo que hay» en el que los contratos individuales terminaron hace años con el poder del grupo, algo que ya pasó, según explica, con el sector lácteo y la remolacha.
Condiciones «esclavistas»
Para el presidente de Asaja León, «ni la comercializadora, Hospteiner, ni los cerveceros han actuado como deberían» y, mientras acusa a la primera de actuar «con prepotencia y chulería», apuesta por que el segundo, el sector cervecero, conozca cómo actúa la comercializadora con los cultivadores. «Si no lo sabe es porque no quiere», aclara. En este sentido, cree que las condiciones impuestas a los agricultores son «esclavistas», obligándoles a plantar variedades concretas y a pagar un ‘copyright’ anual por ello. «A los mejor había otras alternativas, pero no han contado con nadie», añade.
La solución pasa, a su juicio, por «unirse todos» y relanzar así el oro verde, del que se cultivan en la provincia unas 500 hectáreas que aportan un valor de producción de 4,2 millones de euros. De esta forma se evitaría también que los jóvenes que se incorporaron hace cinco o seis años abandonen «desilusionados.
El problema también es el valor de la tierra, algo que no pasaba hace no tantos años. «Ahora, las fincas que se quedan sin cultivar no tienen demasiadas salidas porque no las quiere nadie».