Diario de León

De Matadeón a la balsa de Berbes tras la pista de Mari Trini y Beatriz

Tras un mes del auto judicial, la UME apoyará la búsqueda de la mujer y su hija desaparecidas en 1987, que se sospecha fueron arrojadas en un coche a la charca por el marido y padre, Antonio Da Silva

La balsa de Berbes donde se han encontrado los coches y se buscará a Mari Trini (foto de arriba) y su hija Beatriz.

La balsa de Berbes donde se han encontrado los coches y se buscará a Mari Trini (foto de arriba) y su hija Beatriz.i. cueli

Ana Gaitero
Isolina Cueli

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La reanudación de la búsqueda de María Trinidad Suardíaz y su hija Beatriz, desaparecidas en 1987 y cuya pista se perdió en León el 15 de julio de aquel año, ha hecho mover ficha al más alto nivel.

La delegada del Gobierno en Asturias, Adriana Lastra, ha tomado cartas en el asunto para poner a disposición los medios solicitados por el Juzgado de Instrucción número 4 de Gijón en un auto del pasado 28 de octubre. La jueza Ana López Pandiella requirió los medios necesarios al Estado en este decreto judicial.

Ejército, Policía Nacional, Consejería de Medio Ambiente del Principado, Delegación de Costas en Asturias y empresa propietaria de la mina y la balsa de Berbes (Ribadesella), donde se sospecha que podrían estar sus cuerpos, se reunieron en Oviedo para coordinar el operativo.

María Trinidad Suardíaz, la mujer desaparecida en 1987 junto a su hija.

María Trinidad Suardíaz, la mujer desaparecida en 1987 junto a su hija.Redacción

El alcalde de Ribadesella, Paulo García, enterado de dicha reunión extraoficialmente, está sorprendido de la falta de información. «Una vez más se demuestra la deslealtad de la Delegación del Gobierno», recalcó.

Mari Trini y su hija fueron buscadas por la Udev de Gijón en un solar de Matadeón de los Oteros en 2016, con apoyo de la UME, y en una casa de Berbes, en 2018, con asistencia de personal municipal de Ribadesella.

La pista de Mari Trini y su hija Beatriz, de 24 años y apenas 13 meses en el momento de la desaparición, se pierde el 15 de julio de 1987 en la Audiencia Provincial de León.

En un legajo del juicio por retención ilegal y amenazas contra su marido y padre, Antonio María Da Silva, quedó estampada su firma junto a la del maltratador y principal sospechoso de su desaparición.

El juicio nunca se celebró y de las mujeres nunca más se supo. Ni acusado ni víctima comparecieron en el juicio, señalado para el 15 de septiembre. Treinta y ocho años después, su búsqueda se ha reanudado tras varios intentos fallidos.

Mari Trini y Antonio se habían casado el 6 de enero de 1985 en Villaviciosa. Ella tenía 22 años y él iba a cumplir 41. Era una chica tímida y retraída a la que se le ha atribuido cierta deficiencia mental, aunque logró escapar de su maltratador en Suiza y en Matadeón de los Oteros pidió auxilio al vecindario. El hombre, apodado «Medio hombre» por su baja estatura y el Portugués por su nacionalidad, fue detenido en abril de 1986 y estuvo en prisión hasta el 13 de junio, poco antes de nacer la niña, a causa de esta denuncia de Mari Trini.

Su vida está llena de misterios, una doble vida y una doble identidad. Nacido en la aldea minera de Sao Francisco de Asís, en Covilha, Castelo Branco, emigró a Francia y se casó, bajo el nombre falso de Mauricio Ramos, con una ciudadana portuguesa, Teresa, con la que tuvo ocho hijos, los primeros cuatro reconocidos bajo el falso nombre y subsanados en Viana do Castelo.

Tuvo trabajos legales, pero sobre todo se dedicadaba al contrabando de armas. A finales de los setenta compró una casa en Matadeón de los Oteros (León) donde vivió con su primera mujer, que huyó de los malos tratos que le daba embarazada y con tres niños de la mano.

Sorprendentemente, se vuelve al punto donde el caso quedó sepultado en marzo de 2018. La pista de que El Portugués había arrojado dos vehículos a la balsa de Berbes, uno antes de la desaparición y el segundo en torno a ese periodo, fue facilitada por vecinos de la zona a la Udev de Gijón, que investiga el caso desde el año 2000.

En enero de 2018 la Udev buscó a las mujeres en la casa propiedad del portugués en la localidad asturiana de Berbes, a raíz de las pistas ofrecidas en un reportaje de Diario de León.

Si la respuesta de este caso está en la balsa se han perdido siete años largos y alguien tendrá que explicar por qué.

Antonio Da Silva, de 81 años, en una foto reciente.

Antonio Da Silva, de 81 años, en una foto reciente.GAITERO

Antonio Da Silva se cierra en banda con la Policía

«Mari Trini se desapareció», «sería una injusticia que me metan en prisión», son las únicas palabras arrancadas a Antonio Da Silva cuando se le pregunta por su mujer, María Trinidad Suardíaz, desaparecida junto a su hija Beatriz en 1987.

Al oír el nombre de la niña, el mutismo del portugués, de 81 años, se vuelve enfado y amenazas a las periodistas que fueron a visitarle en mayo de este año a la residencia donde vive en Zamora.

La tranquilidad con que el hombre se dejó cortar las uñas por una extraña, choca con la actitud agresiva en la que mudó.

Antonio María Da Silva es el principal sospechoso de la desaparición de las dos mujeres, pero ni la jueza Ana López Pandiella, titular del Juzgado de Instrucción 4 de Gijón, que le interrogó en marzo de 2018, ni las dos veces que le han preguntado agentes de la Udev de Gijón este año, han logrado sacarle una palabra.

Da Silva tiene 82 años y fue rescatado de la calle por los servicios sociales de Zamora, que le derivaron a una residencia pública en esta ciudad.

Como si nunca hubieran existido en su vida o como si hubiera hecho un borrado de memoria, nada ha hecho romper su silencio.
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